Panorama Cajamarquino

La última entrevista

Ha muerto don Andrés Zevallos de la Puente y nos ha dejado una honda pena a todos los cajamarquinos. Había cumplido cien años el último día de diciembre y se fue cargando sus pinceles y sus óleos a pintar a otra parte del universo.

Don Andrés era un maestro, un hombre jovial y divertido como todos los grandes genios, lo entrevisté hace un tiempo y hablamos un par de horas. Me habló de sus viejos amigos y maestros, de José Sabogal, Teresa Carvallo. De su amistad con Ciro Alegría, Camilo Blas y José María Arguedas.

Hoy se ha ido y nos queda en su lugar una honda ausencia. Aun hubo tiempo para pedir disculpas y zanjar la vieja pelea con Bagate, otro de los grandes del pincel en Cajamarca. Aquella vez a su lado el tiempo se hizo corto sentados en su taller recordando como quien busca en un baúl de recuerdos y a veces encontrando algunas historias que ya creía muertas.

Hablar de su vida es redundar con todo lo que ya se sabe de él. Fue un genio irrepetible que mantuvo su lucidez intacta. Lo vamos a extrañar y va a hacernos mucha falta como cuando les decía a los jóvenes pintores que sean humildes, desde su grandeza era un ser humilde que hoy se marcha.

Escribió los famosos cuentos del Tío Lino y nos deslumbró con sus historias siempre, pero en sus manos el pincel hacía magia y en el lienzo de su vida pintó paisajes incalculables que hoy nos deja como herencia.

Don Andrés era un narrador formidable, le había pedido a Diosito un día que le regale veinte años más de vida y Dios aceptó y hasta se le olvidó porque pasaron veinte y veinte más de nuevo. Dios también lo quería y se hizo el olvidadizo con aquella solicitud que don Andrés siempre festejaba con algarabía.

Me queda la ternura de aquella última entrevista, los libros que me regaló y que hoy desde el estante de esta tarde me miran en silencio. La lluvia cae pero no moja, parece que allá arriba están en fiesta, el cielo hoy tiene otros colores y nuestra tierra está en blanco y negro de tanta tristeza.

Qué será ahora de las trillas de agosto sin quien las pinte con tanta ternura, qué de las flores, qué de las hortensias. Qué de los cristos, qué de las hilanderas y lavanderas de los ríos. Don Andrés se ha ido, el cielo hoy está de fiesta y a nosotros nos queda una infinita tristeza.

(Aquella última entrevista se publicará el día lunes en una edición especial).08

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