Panorama Cajamarquino

Andrés Zevallos: La última entrevista

Andrés Zevallos de la Puente, nació en Cajamarca, en 1916 y acaba de dejarnos. Es el pintor más entrañable que tiene Cajamarca y el último indigenista. Estudió dibujo y pintura en la Escuela Nacional de Bellas Artes, cuyo director era por entonces José Sabogal.  En 1965 fue llamado para dirigir la Casa de la Cultura más tarde filial del I.N.C. cargo que renunció después de 17 años consecutivos, periodo en el cual realizó importantes obras a favor de la cultura de Cajamarca.

Entre su producción como escritor destacan sus obras Cuentos Del Tío Lino, Boceto Biográfico del Pintor Mario Urteaga y el libro “Tres Pintores Cajamarquinos”.

Sus obras pictóricas se encuentran en colecciones públicas y privadas de España, Inglaterra, Alemania, Bélgica, Estados Unidos, Canadá, Japón, Noruega y en Cajamarca existe una sala dedicada íntegramente a sus obras, en las instalaciones del I.N.C. Amigo de ilustres personajes, nos cuenta su vida, sus encuentros y desencuentros en sus cien años.

La siguiente entrevista hecha un poco antes de que cumpliera sus cien años y la última que le hiciera,  es un homenaje a la arquitectura de sus obras y a los colores que no deja como legado-

Por: Jaime Abanto Padilla

Don Andrés, usted va a cumplir cien años. Una vida entera dedicada al arte

Cuando uno llega a cierta edad el sabor de la comida disminuye, la vida ya no es la misma, estamos viviendo ya fuera del tiempo determinado por la biología, bueno la gente dice por Dios, pero Dios que va a estar ocupándose de estos infelices sujetos que se han permitido vivir tantos años.

EL INDIGENISMO LO DEJÓ SOLITARIO

Su vida pictórica está marcada por el indigenismo. José Sabogal fue su maestro ¿Qué significa para usted esta corriente y fuerza llamada el indigenismo?

Ha transcurrido más de medio siglo de la presencia de esa corriente que se llama Indigenismo y a la cual nosotros nos hemos adherido por una causa cultural, después de este medio siglo, que todavía se hable del Indigenismo y se hable de Sabogal y se le hagan los reconocimientos que otras personas no lo han merecido para mí es una grata satisfacción, pero a la vez penosa porque vengo a ser el último de los discípulos de Sabogal, hace poco nomás ha desaparecido Aquiles Ralli, el Gallo Ruiz y Pedro Azabache, que éramos el núcleo que nos habíamos quedado todavía y a mí me toca quedarme ya solitario a estas alturas.

¿Hay cierta soledad a estas alturas cuando piensa en el Indigenismo?

Rememoro esos tiempos que fueron de lucha por un lado y por otro lado de triunfo y me siento un poco abatido porque ya esa gente ha desaparecido y me toca a mí el quedarme, para vivir con ellos porque, como usted sabe, el recuerdo es una vivencia y esa vivencia es un retazo de vida y nuestros seres queridos y los seres que hemos admirado en la vida viven en nuestros recuerdos y es una forma de estar al lado de ellos también.

SU AMISTAD CON ARGUEDAS

Usted tuvo una relación fraterna con José María Arguedas

A José Mará Arguedas lo conocí cuando salía del Sexto, ese momento de la vida tan amargo que tuvo José María en la prisión de El Sexto. Y me tocó conocerlo cuando él salía; salió, pero enfermo, escuálido y no quiso saber nada y le hicieron un sitio a donde él podía ir a trabajar pero él no aceptó porque quería ir a la sierra, con la añoranza que tenía de la sierra quería recuperar su salud allá y después hemos tenido la oportunidad de reunirnos en el café que tenían las hermanas Bustamante, donde se reunía la intelectualidad y los artistas de ese tiempo, justamente José María tenía mucha afinidad con las hermanas Bustamante, tanto que se casó con Celia, una de ellas.

¿Cómo fue el arribo de José María Arguedas a Cajamarca?

En una oportunidad él vino, acompañando al embajador de México que era Moisés Sáenz, un hombre muy valeroso y José Sabogal vinieron ese tiempo a Cajamarca y me tocó a mí acompañarlos y visitar a los sitios que ellos querían, por ejemplo, visitar al pintor Mario Urteaga que era tan admirado por los indigenistas y luego más tarde cuando nosotros asumimos la dirección de la llamada Casa de la Cultura y para cuya inauguración invitamos a varias personas como por ejemplo Ciro Alegría, Mario Florián, Francisco Izquierdo Ríos y claro, José María Arguedas, pero José María Arguedas no pudo venir esa vez porque justamente estaba con las secuelas del primer intento de suicidio…

UN CUENTACUENTOS

¿Volvió en una segunda oportunidad a visitar Cajamarca?

Luego le pasó y él se mejoró, aquella vez me mandó decir que quedaba en deuda y después de que estuvo en Chile avisó que iba a venir a Cajamarca y nosotros preparamos una actividad para recibirlo. Lo recibimos como se merecía y de acuerdo a nuestras posibilidades porque la Casa de la Cultura era una institución muy indigente y ahí tomamos mucha más confianza y él tuvo un gesto mucho más simpático… sucede que estaba recopilando literatura oral y la gente le había contado que yo era un narrador de cuentos de mi tierra, Contumazá, esa vez vino con Sibyla Arredondo, ya su esposa.

¿Qué recuerdo le queda de aquella visita?

Lo invitamos a una cena en el Hotel de Turistas. Yo estaba a su derecha y a mi derecha estaba Sibyla en la mesa de la cena y José María me dijo –Me han contado que tú sabes unos cuentos muy buenos y queremos escucharlos- entonces se hizo silencio y conté mis cuentos, porque yo he tenido la fama dentro de mis amigos de un cuentacuentos. En mi casa, en mi tierra, mi mamá por ejemplo me decía tú eres el Tío Lino, porque además me gustaba inventar cuentos al estilo del Tío Lino, entonces conté unos cuentos y Arguedas me pasó la mano por el hombro y me dijo –Cholo, eres un narrador nato- Para mí fue como un diploma de doctor en literatura viniendo de él esas palabras.

LOS CUENTOS DEL TÍO LINO

¿Surge ahí la idea de escribí los cuentos del Tío Lino?

Ahí en esa noche había dos muchachos de la universidad de San Marcos que editaban una revista y me pidieron que haga un artículo sobre los cuentos, pero cuando estuvo el “articulejo” me dijeron ¿por qué no hacemos un libro? y ahí nace la primera edición de “Cuentos del Tío Lino” Ya después hemos hecho con Lluvia Editores varias ediciones, hemos llegado a la décima edición.

El asunto fue que en esta cena en la que nos hallábamos, al concluirla, José María Arguedas le preguntó a Sybila, -A ver, a ver ¿qué tal quedó la grabación?- porque todos los cuentos que narré se suponía que habían sido grabados, entonces fueron a revisarla, la manipularon, eran grabadoras de las de antes con casete… y resulta que la grabadora nunca había grabado nada. (risas) Entonces José María me dijo – Cuando vayas a Lima vas a mi casa y hacemos la grabación –

¿Volvieron a encontrarse otra vez en Lima?

Cuando fui a Lima nos encontramos en la presentación de un libro, él se acercó y me saludó y me invitó a su casa para el día domingo, pero yo lo vi muy mal, muy deprimido y decaído. Y ya para ese domingo que debíamos hacer la grabación, había sucedido su suicidio. El recuerdo que yo tengo de él es su libro “Todas las sangres” firmado por él, dedicado a mí, donde me hace una cierta alabanza porque dice que admira mi capacidad, lo que para mí es una gran satisfacción.

A CIRO ALEGRÍA LE GUSTABA EL WISKY, DEBIÓ SER CAJAMARQUINO

Con Ciro nos conocimos aquella vez que vino a la inauguración de la casa de la Cultura, él vino con Mario Florián y con Paco Izquierdo  y no recuerdo quienes más vinieron en esa época y tuvimos dos o tres reuniones, a Ciro le gustaba el Wisky, no era pisquero y tuvimos un encuentro en mi casa y se me ocurrió hacer una grabación que la tengo, en donde él dice que debió ser cajamarquino porque su familia procedía de Cajabamba y que por una circunstancia especial, porque su padre trabajaba en una hacienda que pertenecía a Huamachuco y que por eso resulta ser liberteño, pero que su familia netamente era cajabambina, además él tenía muchos amigos cajamarquinos, Sabogal por ejemplo y lo admirable para él era que los cajamarquinos tenían una serie de pintores importantes por ejemplo Camilo Blas, Mario Urteaga, José Sabogal y dice textualmente: “Y hoy estoy bebiendo wisky en casa de otro pintor… Andrés Zevallos”, dice (risas). Después nos hemos encontrado en Lima varias veces, lamentablemente el murió a temprana edad.

¿Sabe usted cuántos cuadros ha pintado a lo largo de su vida?

Le diré que no he llevado nunca en mi vida una contabilidad sobre eso, sí tengo amigos pintores tan minuciosos que han llevado el recuento de sus obras, a quiénes lo han vendido, la dirección de las personas que los compraron… pero yo no he hecho nunca eso. Además debo decirle que dejé de pintar 37 años.

¿A qué se debió ese lapso en su vida?

Porque tenía que ganarme los frejoles, porque cuando estaba en la escuela; disculpe que le haga una confidencia, mi padre tenía que ver con… nosotros hemos sido cinco y todos estábamos estudiando y no le alcanzaba pues, entonces justamente mi hermano que se metió de militar, en ese tiempo tuvieron que pagarle su instrucción militar, el Colegio de Chorrillos y yo les dije: Déjenme responder por mí mismo y yo tengo el orgullo de decir que soy un hombre que se ha hecho con su esfuerzo.

¿Y cómo fue cuando llegó a Lima?

Ya se puede imaginar, en ese tiempo Lima era una ciudad adversa a los serranos, a los cajamarquinos más todavía, a mí pasaba que me decían: Los cajamarquinos son los únicos serranos blancos y yo no tengo nada de blanco, pero comparándonos con los cuzqueños por ejemplo, nosotros somos bien chocoloteaditos (risas), entonces como le digo, tuve un momento muy malo pero me ayudaron mi maestra, que fue la pintora Teresa Carvallo que conducía uno de los talleres de la escuela me ayudó mucho yo le tengo mucha gratitud a esa persona, ella me consiguió mi primer trabajo.

¿Teresa Carvallo además de José Sabogal fueron sus maestros ahí?

No solo eso, ella me consiguió un trabajo para poder sostenerme. Ella tenía un amigo que era uno de los altos funcionarios del sistema de salud pública, Trabajo en Prevención Social se llamaba el Ministerio de ese tiempo. Así es que entré por allí a mi primer trabajo.

MI PRIMER TRABAJO: INSPECTOR DE PUTAS

¿Y cuál fue ese su primer Trabajo?

Inspector de las putas. Ellas tenían un carnet, y ese carnet tenía que pasar revista por el médico, entonces el inspector se iba y revisaba el carnet, pero a mí me dieron ese trabajo para poder estudiar en el día, porque ese trabajo solo era en la noche. Pero a los pocos días de haber asumido ese trabajo, Teresa me llamó y me dijo -¿Qué tal el trabajo?–Bueno ahí estamos- le dije. -¿En qué consiste? – me dijo-. Huy, le conté… -¿Cómo?- Me dijo, -Mañana no te vas-.

De ahí me enviaron como secretario de un Dr. Tenía que levantarme a las 5 de la mañana, venía una camioneta y me sacaba, después lo sacábamos al Dr. Teníamos que ir todos los días a Carabayllo a pasar revista a la gente enferma y esas cosas y así estuve un tiempo, pero el hombre este era muy cascarrabias y yo me quejé y le dije que no podía porque era mandón y trataba mal y yo me quejé y le dije yo no sigo.

NO FUI A LIMA A MATAR ZANCUDOS

¿Se quedó desempleado  en la gran Lima?

Así que me derivaron al servicio antimalárico, en Lima en ese tiempo había paludismo y bajo el puente había paludismo porque habían charcos en el río y había que hacer limpieza y tenía un piquete de 20 hombres, teníamos que encausar el rio para evitar los charcos donde se criaban los zancudos, poco a poco escalé y llegué a ser Inspector de Saneamiento del río Rímac, me daba tiempo para ir a la Escuela de Arte en la noche y así estuve hasta que terminé el ciclo básico, pero en ese tiempo resulta que me tocó vacaciones y vine a Contumazá donde mi papá había arrendado una hacienda de la municipalidad y como vine yo de vacaciones me fui a conocer y a mí me ha gustado mucho vivir en el campo. Yo he nacido en el campo, en Campodén, mis padres me llevaron cuando tuve dos años a Contumazá, me acuerdo que en el piso de mi casa se me dio por hacer dibujos, nadie me dijo nada, en mi casa eso no tenía ningún valor.

De regreso ya a mi trabajo en el ministerio, un día tenía que informar de mi trabajo a los jefes. A los doctores Fernández y Villalobos y yo estaba en la antesala y escuché una conversación donde el Dr. Villalobos decía que el ministro ha pedido que de inmediato vaya una comisión a combatir una epidemia de paludismo que se ha desatado en Camaná, entonces el Dr. Fernández le decía -No podemos mandar a Zevallos porque ese hombre estudia y tenemos la obligación de ayudarlo-. –No- le dijo Villalobos – Tienes que mandarlo a ese, porque ese es el que conoce, es experto en matar zancudos-

Yo me levanté y salí, al día siguiente presenté mi carta de renuncia. Yo me dije: No he venido a matar a zancudos. (risas) así que renuncie y me vine a Contumázá a trabajar con mi papá y ahí estuve diez años haciendo trabajo de campo, como le digo a mí me gustó mucho el campo. Y a mí me ha gustado no ser el patrón, sino trabajar con la gente. (Continuará…)

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