Panorama Cajamarquino

Mata nomás si tienes plata…

Un joven que era el sustento de su familia y que estaba por acabar la carrera de contabilidad en la universidad nacional, salía de su trabajo en la madrugada, montaba su bicicleta y volvía a su hogar. Trabajaba como mozo en una pollería y retornaba después de un largo trajín.

Otro joven de 24 años, conducía un vehículo en estado de ebriedad y discutía con su pareja mientras conducía locamente hasta que se encontró con el joven estudiante y lo arrolló brutalmente. El joven estudiante de 22 años perdió la vida al instante. Nunca más hubo el esperado retorno a casa.

La familia del joven muerto decidió negociar con la tragedia y se compensó el hecho con 25 mil soles y un automóvil, y como sobre aviso no hay engaño el juez ordenó que el hecho ameritaba una prisión suspendida (o sea libertad) de 3 años y 9 meses (una fantasía, pero existe esa figura contradictoria de prisión suspendida, o sea preso pero libre).

Ante ello el fiscal tampoco pudo pedir prisión preventiva porque ya se había transado extrajudicialmente. La familia decidió ponerle un precio a la vida del joven estudiante y la justicia decidió dejar en libertad al otro. Se está dejando un pobre mensaje: “Si tienes plata y estás borracho manejando un carro y matas a alguien no te pasa nada”.

Inevitable abrir  y que fluya el recuerdo cuando mi amigo Omar Torres con sus 15 años caminaba por la cuadra uno del jirón Amalia Puga un día domingo por la tarde y un joven ebrio manejaba a 80 Km. por hora lo atropelló. Omar murió después de agonizar en una ambulancia rumbo a Chiclayo. Omar está muerto, se truncaron sus sueños de poeta. La persona que lo mató nunca estuvo preso, ni siquiera detenido, era el hijo de una reconocida fiscal.

Por eso la gente sigue gritando en los atrios de las iglesias, en las puertas de los juzgados y encienden velas para que la tristeza los vea. Por eso cada vez se cree menos en la justicia y es tan difícil escribir esa palabra sin que nos duela el alma.

La justicia habla bonito cuando quiere y hace muecas y cabriolas para dejar ileso a quien quiere y hunde en celdas oscuras a quien no quiere. Nadie sale de su casa con ganas de matar, pero tampoco nadie sale a la calle con ganas de morir.

La justicia es selectiva, tiene ópticas distintas y todos lo sabemos y todos se hacen los disimulados con lo que pasa. ¿Qué sentirá la familia cuando gaste cada sol que le han dado? ¿Qué sentirá cuando se suban a ese carro que hoy “resarce” su dolor? Hay cosas que nadie entiende o que es preferible no entender. Un hombre se ha muerto y nadie le ha avisado… seguirá pedaleando en su bicicleta eternamente.