Panorama Cajamarquino

Semana Santa… la de antes

Antes la Semana Santa era un símbolo de religiosidad, desde el Domingo de Ramos, multitudes acudían a mirar el ingreso del Cristo de Ramos montado sobre su burrito y todos querían su palma como símbolo excelso de la fe.

La Semana Santa era fiesta de guardar y había un respeto supremo por ella, los días feriados como hoy se dedicaban a la congoja y la reflexión y a recorrer iglesias para conmemorar la muerte del hijo de Dios y ese acontecimiento infame y desgraciado que fue la crucifixión.

Cuando niños era hermoso reunirnos en la sala frente al televisor y ver una tras otra las películas como “Los diez mandamientos”, “Ben Hur”, “La Biblia”, “Moisés” y tantas otras que veíamos en el calor del hogar a pesar que en esos tiempos solo había tres o cuatro canales. Semana Santa servía para aprender y para estar reunidos y en armonía.

Hoy la Semana Santa es un feriado largo que la gran mayoría de personas aprovecha para viajar. Ir de campamento a alguna playa y hacer una fogata en torno a la que se danza y se bebe como Zorba el griego hasta el amanecer.

Hoy la Semana Santa sirve para escaparse y bailar en torno a una orgía con el pretexto de desestresarse, de ensuciar el mundo con latas vacías de cerveza o con botellas de ron y colillas de cigarrillos y comida enlatada.

Los ladrones aprovechan la festividad para robar a su gusto y hasta agradecen a Dios por la oportunidad. Los policías resguardan las autopistas y uno que otro también se siente agradecido porque sabe que habrá muchos infractores que querrán solucionar el problema con una propina.

La Semana Santa está en exterminio, ya nadie se encuentra con Dios en estos días. Se ha perdido su significado y la profundidad de su esencia. Muchas sectas aparecieron en nombre de Dios  empezaron a denigrar a la fe católica, satanizaron las fiestas como esta y la ignorancia de la gran mayoría la convirtió en sus religiones y ahora abundan sacando demonios y gritando aleluyas mientras sus pastores se enriquecen.

La Semana Santa ya no es ni la sombra de lo que fue, cuando aún nuestras abuelas vestían luto por la muerte de Jesús y todos acudíamos a las procesiones y estábamos prohibidos de decir malas palabras y comer carne de cerdo.

Si todo eso fue un cuento no lo sé, pero si así fue, fuimos más felices mientras lo vivíamos. Mientras nos mirábamos a los ojos cuando hablábamos y rezábamos todos juntos y muy tristes por la muerte de Jesús, nuestro Señor.