Panorama Cajamarquino

Embarazo adolescente por violencia sexual

Once niñas o adolescentes son violentadas sexualmente cada día en nuestro país, según data de la Policía Nacional. En el 2015 se registraron 3,675 denuncias por violencia sexual, de las cuales 2,227 fueron cometidas por un familiar (71% mayores de edad) de la víctima y dentro del hogar. Además, diariamente cinco menores entre 10 y 14 años se convierten en madres.

En un estudio realizado por la Asociación de Comunicadores Calandria, en Lima y Cusco (noviembre de 2016), respecto a cómo las adolescentes perciben la seguridad en sus espacios (casa, colegio, barrio, calle), el 25% menciona que su casa “no es segura” y más del 70% considera que el colegio no les brinda seguridad; tanto el barrio como la calle suman un mayor porcentaje.

Si uno de cada cuatro adolescentes señala que la “casa es insegura”, se debe a las situaciones de violencia que se dan entre sus padres/madres, o porque “están solos”.

Este alarmante contexto facilita la violencia sexual en menores de edad. El agresor, mayormente adulto y familiar, maneja la estrategia del silencio, y lamentablemente la familia genera relaciones de complicidad al no denunciar el hecho, donde todos abonan a una cultura de la impunidad.

Una adolescente violentada sexualmente cruza por una ruta de dolor e inestabilidad emocional con consecuencias que se darán a lo largo de su vida. Tiene relación directa con el modo como vivirá su sexualidad, su vida amorosa y maternidad. Otras se vincularán con problemas psicológicos, como miedos, fobias, dificultades para enfrentar situaciones complicadas.

Es importante señalar que el abuso sexual no se olvida jamás. La sociedad no puede mostrarse inconmovible ante esta realidad, donde están involucradas miles de niñas y adolescentes.

Un primer paso es reconocer que existe esta realidad, que vulnera los derechos de las adolescentes. Los adultos opinan que “falta mucha educación sexual”, pero a la vez reconocen que no saben cómo abordarla. Por su lado, las adolescentes señalan “mis padres nunca hablan de la sexualidad, de las relaciones sexuales, menos de prevenir situaciones de riesgo o de acoso”. Lo complejo es cuando las madres/padres ponen en cuestión la veracidad del hecho, más si un familiar directo es el agresor.