Panorama Cajamarquino

Una mujer puede andar desnuda por la calle…

Ayer fue capturado el “violador de la discoteca”, el sujeto que violó ante la mirada cómplice de varias personas a una mujer en estado de inconciencia en una discoteca limeña y que se había convertido en uno de los personajes más buscados luego de que el video del violento hecho fuera difundido por las redes sociales.

En Cajamarca también fue capturado un violador que había abusado de una menor de edad, que además padecía retardo mental. Hoy felizmente se encuentra entre rejas y esperemos que la justicia se aplique y que no se negocie con la familia (como sucedió la semana pasado en el caso del joven que murió atropellado por un ebrio) o que la justicia no lo deje en libertad bajo cualquier argumento.

Cuando se difundió el video del violador de la discoteca los solidarios con el violador no se hicieron esperar y dejaron sus comentarios perversos de inmediato: “Ella se lo buscó”, “Para qué toma tanto”, “Ella sabía a dónde iba”, “Esas cosas siempre pasan en las discotecas”, “Ella lo provocó”, “Ella lo estuvo calentando”… y una serie de comentarios mezquinos y machistas.

Una mujer puede andar desnuda por la calle y nadie tiene derecho a atentar con ella. Una mujer puede ser una prostituta y nadie puede vulnerar su integridad sin su permiso. Una mujer puede andar con minifalda o con ropas cortas si así lo quiere y no por eso existe justificación alguna para tocarla, decirle groserías, acosarla… y menos jamás violarla.

Nuestro machismo enfermizo pone una venda muchas veces en los ojos de nuestra sociedad y se busca justificar la violencia sexual a la mujer en cualquiera de sus formas con el pretexto de que son ellas las que provocan, las que instigan a faltarles al respeto como si ellas disfrutaran de la violencia.

Hemos ido descendiendo en nuestros principios hasta llegar al sótano mismo de la lógica. Y hay muchos violadores más que aun andan sueltos, hay muchos sucios acosadores que trabajan en instituciones públicas y que ven en sus subordinadas una presa a la que hostigan hasta lograr saciar sus bajos instintos.

Tenemos la obligación de quebrantar esa pasividad, de romper ese silencio. Tenemos que gritar este tipo de actos y denunciar, hacer ruido para que se escuche ese eco de tantas mujeres que son violentadas en distintas formas cada día en diferentes sectores de nuestra sociedad.

Desde el pervertido piropo asqueroso a una niña que luce una minifalda, hasta los silbidos y miradas lascivas. Desde el desgraciado froteur que sube a los microbuses y combis, hasta el más ruin y enfermizo violador…

Tenemos la obligación de hacer un solo grito y de hacer eco para que se escuche que una mujer puede andar desnuda y no por eso puede ser atentada.