Panorama Cajamarquino

Oígaste, dígaste… no jódaste

En los lugares aún intactos de tecnología en donde el Internet no ha llegado para deformarlo todo, aún sobreviven vocablos tiernos que resultan de la fusión de palabras y de tiempos idos que poco a poco son exterminados por eso monstruo feroz que llamamos modernismo y que equivocadamente confundimos con progreso.

La palabra “usted” se fusionó con otros y acabó como una partícula que se suma a otras tantas. Oiga + usted = oígaste. Diga + usted = dígaste. Joda + usted = jódaste. Son fusiones que las encontramos a diario en el habla coloquial de muchas personas que lo aprendieron así.

Y hay una musicalidad maravillosa en ese lenguaje que además es la fusión de dos culturas y que se produjo básicamente durante la colonia en donde queda bien marcado el sometimiento junto a la altivez de dos culturas muy diferentes. Es habla corriente principalmente en el campo y es la prueba viva y vigente de la sumatoria de quien ha sido vencido y del vencedor.

En las zonas rurales, aunque parezca increíble, permanecen vocablos que en la sociedad convencional y actual son arcaísmos y que han caído en desuso hace siglos, sin embargo, en algunas partes de nuestra región permanecieron encapsulados y se los escucha incluso a los niños como lo utilizan con sorprendente coherencia y exactitud.

“Aguaitar” es una palabra que ha caído en desuso y que en las comunidades rurales se mantiene viva, “amainar” es otra palabra que no se usa ya en esta sociedad consumista y capturada por el Internet y las redes sociales. En el campo es común escuchar: “Anda aguaita si ya amainó el aguacero” con un sonido casi mágico de esa oración.

Dos niños juegan a mitad de la jalca con unos camioncitos de juguete que han recibido por navidad. El uno le dice al otro, cuando los dos juguetes se encuentran frente a frente en un estrecho paso de una carretera hecha a su medida con gravilla: “Recula tu camión que no puede pasar mi VOLVO”. El uso del verbo “recular” en dos niños de cinco años o menos, es sorprendente y es el testimonio de que aquellos verbos traídos por los primeros españoles en nuestra patria se han mantenido encapsulados y han sido heredados de generación en generación en algunas comunidades andinas.

He oído en despachos de jueces de paz de provincias grandes alegatos entre dos acusados y me he quedado sorprendido de la gran cantidad de vocablos que utilizan y que no se usan en nuestro lenguaje actual embrutecido por el Internet y las redes sociales en donde no solo se hace gala de la pésima ortografía de algunos, sino que también se lo asesina cotidianamente con una infinidad de insensateces como: TKM (Te quiero mucho) q???? (qué abreviado, y como si los varios signos de interrogación fueran a dar más impacto) CSM (De significado aún desconocido, pero seguramente profundo).

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