Panorama Cajamarquino

Secretaria

Eres un cúmulo de secretos, de ahí tu nombre y tu tristeza. Llegas temprano dejando en casa tus más largos silencios. Estás ahí en la oficina entre papeles y llamadas, siempre sonriente y atenta, aunque tu alma piensa en los que dejaste en casa.

Nadie sabe tus angustias porque siempre las disfrazas con esa dulce sonrisa. Cuando lloras lo haces en secreto y cuando respondes las cientos de llamadas aparentas una felicidad que muchas veces quisieras creerte a ti misma.

La vida te enseñó la impecabilidad que deben tener las cosas. Un teléfono, una computadora y el orden perfecto de tantos útiles de oficina. Unos estantes, unos archivadores, y casi escondida una fotografía de quienes amas te mira cada día.

La vida te hizo heridas que cerraron con el tiempo. También  te dio ausencias que se llenaron con los días. Y aprendiste que los horarios no son más que las agujas de momentos que se van y no regresan nunca más en la vida.

Te llenaste de sabiduría redactando documentos. Silenciosa cómplice de tantas batallas en el devenir de los días. Veías blanco donde todo era negro y encadenaste tu propia vida para salvar a otros de angustiosos momentos.

Nadie como tú conoce los atajos de las líneas que redactas todo el tiempo. Cambiaste las rosas de tantos floreros y olvidaste cambiar las tuyas cuando debiste hacerlo. Siempre postergaste tu alegría para ver felices sonrisas en rostros ajenos.

Siempre puntual, siempre el mismo camino cada mañana. Te cruzas a diario con la misma gente, por el mismo lugar como las agujas de un reloj lo hacen a medida que pasa el tiempo. Siempre tierna en el laberinto del otoño y el invierno.

A veces quisieras ser de piedra para no quebrarte. Nadie entiende la profundidad de tus silencios. Tu risa inunda el alma de quienes están a tu lado en cualquier estación del tiempo. Cuando tienes que llorar lo haces siempre en secreto.

Secretaria, hiciste de tu oficina un mundo propio que hasta vive en tu sueño. Las horas no existen, solo la lluvia del tiempo. Estantes y papeles, tantos recuerdos. Mañana será otro día y no importa si es invierno.

Las horas del tiempo las pasas en tu santuario y tu templo. Un sillón un escritorio… un florero con un clavel marchito que dejó algún recuerdo. Unas líneas escritas en blancos papeles… Hoy quiero abrazarte, como cuando lloras en secreto y siempre en silencio.