Panorama Cajamarquino

Nasri quiere volver a la Champions

El Sevilla quiere otra Champions. Necesita una reválida para la próxima temporada. Él y Nasri, que se ganó el indulto del Pizjuán tras la fatídica noche de Leicester. El francés cambió el rumbo del partido con su entrada al campo y de sus botas nació el gol del triunfo que materializó Ben Yedder. Antes, el Celta había plantado cara con un gol de Aspas que neutralizaba la diana de Correa. La expulsión del ‘Tucu’ allanó el camino para los de Sampaoli y les brindó una nueva ilusión de aquí a final de temporada. El tercer puesto podría ser un bonito consuelo.

Apartados de Europa en una noche cruel, reducida la ambición tras un prolongado bache, el Sevilla de Sampaoli ha encontrado un nuevo motivo para entregarse de aquí a final de temporada. El tercer puesto es posible, está al alcance, y esa medalla de bronce bien merece un último esfuerzo. Lo hará con lo que durante un momento de la temporada lo hizo grande: con apariciones vertiginosas por banda, juego vertical y enorme movilidad ofensiva. Y con Nasri. El francés, desaparecido desde su expulsión en Inglaterra, regresó para iluminar al Sevilla en una noche difícil.

La entrada del francés desatascó a un Sevilla que martilleaba con insistencia ante un Celta con diez. La expulsión del ‘Tucu’ Hernández, tan justa como absurda, había dejado a los de Berizzo entre la espada y la pared. Su capacidad de sufrimiento y la ayuda inestimable de los palos mantenían a los gallegos en el encuentro. Hasta tres disparos estrelló el Sevilla a la madera.

Hasta entonces, el choque había sido gobernado por un chaval de 22 años que promete tardes de gloria en el Pizjuán. El desparpajo, el desborde y la calidad de Joaquín Correa son la última gran noticia que circula por Nervión. El primer gol del Sevilla, tras un aviso en forma de cabezazo al palo de Iborra, fue una preciosa cascada de cualidades ofensivas que cayeron sobre la zaga celeste. Conducción, regate y definición. Correa salvó la entrada de hasta tres rivales y fusiló a Sergio Álvarez.

Suficiente para desequilibra antes del descanso. Tras él, un inocente penalti de Lenglet reanimó a un Celta que necesita muy poco para crear peligro. Aspas no falló desde los once metros y todo parecía volver a empezar. Por fortuna para los de Sampaoli, el ‘Tucu’ Hernández se olvidó de que ya tenía una tarjeta cuando fue con todo a por NZonzi. Quedaba más de media hora de partido y el Celta se quedaba con diez. Demasiado para salir vivo del Pizjuán.

Los palos no son suficientes

Se volcó el Sevilla sobre el área gallega y Sampaoli recuperó para la causa a Nasri, alejado de los flashes desde su controvertida expulsión en Leicester. Hasta la aparición del francés, el Sevilla se había estrellado en la defensa celeste, sin exigirle demasiado, sin encontrar un camino adecuado para decantar el choque de su lado.

La suerte tampoco parecía estar con los andaluces. Escudero y Nasri se encontraban con el larguero en dos jugadas que confirmaban el asedio hispalense. El gol parecía cuestión de tiempo. Y fue entonces tiempo de Nasri. Momento de la claridad, de la sencillez que el francés le pone a sus jugadas. Con pausa, marcando los tiempos justos, ganó línea de fondo y la puso para que Ben Yedder sólo tuviese que empujarla. Necesitaba un cambio el Sevilla y Sampaoli. Lo encontró con los relevos en el banquillo, lo situó, de aquí a final de temporada, en su horizonte. El tercer puesto ilusiona. Lucharán por él.

Fuente: Marca