Panorama Cajamarquino

El rey de bastos

Debido a una enfermedad degenerativa desde hace tiempo atrás me vi obligado a usar un bastón, uno de esos de metal y con empuñadura, y aunque al comienzo hay cierta incomodidad uno acaba por acostumbrarse.

Tiene sus ventajas y desventajas como casi todo en la vida, nada es enteramente feliz o infeliz tal cual las verdades amargas y los rasgos de maldad en el virtuoso y los rasgos de virtud en el malvado. Cuando se usa un bastón hay un punto de apoyo que resulta clave para la estabilidad al caminar, es la ventaja fundamental.

Hay personas que miran a uno con cierta tristeza porque se considera que usar bastón es sinónimo inapelable de discapacidad y algo de verdad también hay en ello. Y las mujeres ceden la vereda y la gente mayor abre paso cuando uno se acerca y algunos hasta murmuran solapadamente al cruzar por su lado.

Se piensa que es una fatalidad, una desventaja, una limitación y nos es del todo cierto. Uno obtiene ciertas atenciones como el ser atendido con preferencia en las engorrosas colas de los bancos. Cierto día mientras esperaba en una esquina para cruzar la calle, dos policías que reposaban en una esquina mientras leían el Facebook en sus celulares se lanzaron a la calle y detuvieron el tránsito para que yo pueda cruzar la calle.

En otra ocasión una escolar uniformada se ofreció amablemente para ayudarme a cruzar la calle y alguna vez cuando se me fue de las manos el bastón dos mujeres lindas lo recogieron de inmediato. A veces uno encuentra gestos inesperados en la vida. No todo es malo cuando se usa ese artefacto. Los taxistas por ejemplo son más generosos y pacientes mientras uno sube a su vehículo y viajar en autobús tiene sus preferencias.

Pero como no todo es perfecto hay ciertas cosas que complican el uso del bastón, los perros por ejemplo, miran con extremada desconfianza y piensan que pueden ser apaleados. O la lluvia que ha mojado las veredas suele jugar malas pasadas como la vez en que caí de bruces al resbalarse la base del bastón que es de jebe.

Un amigo mío que sufre un problema similar también usa bastón y es un poco escandaloso el ruido que se hace cuando somos dos al caminar por la calle y algunos hasta deslizaron la idea que éramos dos jugadores de golf rumbo  un encuentro. Mi hija de dos años lo usa como caballo mientras corre por la casa.

Al final no hay nada mejor que reírse de uno mismo, de aprender que todos somos falibles y que a veces hay que aprender a convivir con ciertas cosas que se inventaron para mejorarnos la vida o la calidad de vida como la llaman ahora.

Cuando me tomo una fotografía me siento más Vallejo que nunca y cuando retorno a casa por alguna calle oscura sé que tengo un arma poderosa que me da la seguridad ante cualquier ataque. Al final todas las cosas suceden por algo y tenemos que aprender, no a resignarnos, pero sí a convivir con lo que Dios nos ha dado.