Panorama Cajamarquino

A 2 mujeres agresoras les esperaría la cárcel

Una pena privativa de su libertad de entre 6 y 12 años podrían sufrir las dos mujeres que atacaron salvajemente a las autoridades municipales, del Ministerio Público y Policía Nacional, durante el operativo conjunto realizado el sábado, cuando se procedía al cierre de un local ilegal que no contaba con licencia edil de funcionamiento y fue considerado de alto riesgo por Defensa Civil.

Se trata de Juana León Espíritu (44), administradora del ilegal establecimiento que funcionaba bajo la fachada de restaurante en la intersección de la Vía de Evitamiento Sur y Av. Industrial, y de Marcela Elizabeth Paz Arias (23).

Estas mujeres, al notar que la Policía Municipal incautaba los enseres del local, empezaron a lanzar botellas de cerveza cuando se elaboraban las actas de incautación.

Patricia Mercado Aguilar, fiscala de la Primera Fiscalía de Prevención del Delito, confirmó los hechos señalando que la Policía, de acuerdo a sus atribuciones, tuvo que intervenir a las dos mujeres ante la violencia generada por las féminas contra la autoridad, impidiendo el ejercicio de sus funciones.

Confirmó, además, que una funcionaria de la municipalidad de Cajamarca fue golpeada con una mesa por las iracundas mujeres.

Cuando se procedía a levantar las actas y se preparaba la clausura, se iniciaron los actos violentos contra las autoridades por León y Paz, lo cual motivó su detención, poniendo los hechos en conocimiento de la Fiscalía Penal de Turno para iniciar las investigaciones que corresponden al Ministerio Público.

“La intervención al referido local se produjo porque carecía de licencia de funcionamiento, fue declarado de alto riesgo por Defensa Civil y porque allí concurren personas de dudosa procedencia y reputación”, señaló la representante del Ministerio Público.

De otro lado, durante el megaoperativo se intervino un prostíbulo clandestino en el sector La Molina, en el distrito de Los Baños del Inca, en donde se encontró a una mujer manteniendo relaciones sexuales con un parroquiano, además de preservativos y otros elementos que corroboraban que el local efectivamente era utilizado para actos de prostitución.