Panorama Cajamarquino

“No habíamos choleado tanto”

El psicoanalista Jorge Bruce, público hace unos años un ensayo bajo ese título, libro de psicoanálisis y racismo. Y el tema es muy vigente y latente en nosotros los peruanos pese a que somos una mezcla de todo un poco y el que no tiene de inga tiene de mandinga.

Y los peruanos somos choleadores por antonomasia, nos choleamos grandiosa y mutuamente. Hemos usado el término cholo más como despectivo que afectivo y surge entonces el célebre: “cholo de m…”, “cholo cojudo”, “cholo tarado”, y un largo etc.

Sin embargo nuestro gran poeta César Vallejo cuando vivió en Europa era muy conocido como “El cholo” y cuentan sus mismos amigos de aquella época que lo llamaban así por su rostro que era como un huaco moche, el mismo Pablo Picasso le decía cholo y Vallejo se sentía orgulloso de ello y lo dice en varios de sus poemas.

Dos cholos emblemáticos más son el “Cholo Sotil”, gran futbolista peruano que jugó en el extranjero y que tuvo sus tiempos de gloria y era conocido como “El cholo” y él siempre estuvo orgulloso por eso. El otro es Alejandro Toledo, expresidente del Perú, y que supo explotar muy bien su choledad para ganar las elecciones. Ni que hablar del cómico nacional Tulio Loza, el cholo de acero inoxidable. Y otro famoso cholo es Luis Abanto Morales quien hizo mítico el tema de “Cholo soy”.

Fermín Saavedra Chaupis, docente del Colegio Cristo Rey, tenía una hipótesis al respecto “El indio está en un proceso de cholificación”, solía argumentar refiriéndose al hecho del dejar el estado puro de hombre andino para convertirse en un ser alienado y hasta en cierta forma disfrazado, reemplazando su indumentaria auténtica de pantalón tejido en callua, llanques, sombrero y alforja; reemplazándolos por un jean azul, zapatillas, gorra y mochila… La pérdida de la identidad para adentrarse en lo alienante.

Hace unos días una argentina sin oficio conocido en nuestra patria, nos choleó y nos llamó indios, además de una serie de adjetivos que causaron una indignación colectiva y que fue el motivo para que se revise su situación legal en nuestro país y se la expectore de inmediato por no tener sus documentos en regla.

Nos guste o no, somos un país de cholos, es el gentilicio de nuestra alma andina, nuestro gran problema es que muy íntimamente somos profundamente racistas y nos afecta de inmediato cualquier alusión despectiva. Es tan bonito decir: “Mi cholo o mi chola”, más aún “cholita” sin el mínimo sentimiento de agresión, sino muy al contrario, con todo el cariño del mundo.

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