Panorama Cajamarquino

Tramposos

Vivimos en el país de la trampa y estamos acostumbrados a esa política desde siempre. La legalidad nos parece algo que siempre podemos brincar y casi siempre acabamos transgrediendo las normas de cualquier manera.

Hecha la ley, hecha la trampa. Y eso los abogados lo saben mejor que nadie, porque son tramposos eximios, porque saben cómo vulnerar la legalidad y cuáles son las fisuras y resquicios por los que se puede colar una justificación para vulnerar a la ley.

Hemos sido permisivos con la trampa y hasta admiramos a los tramposos, al mañoso, al criollazo, al cholo que llega a la costa y se “achora” y acaba vendiendo terrenos en el río porque es un gran tramposo.

Si alguien es infiel, decimos que es un tramposo o tramposa. Sabemos todos de sus hazañas pero las permitimos porque somos todos tramposos. El héroe del barrio es el que engaña porque la sabe hacer a diferencia del que va por el camino de la ley.

Si hay un concurso y hay que presentar expedientes nos agenciamos de papeles “bambas” porque al fin y al cabo los que evalúan son otros tramposos. Si damos un examen nos copiamos y hacemos trampa. Si no se puede, compramos la prueba porque está hecha por gente tramposa que la vende.

Si podemos robar luz lo hacemos y si se puede hacer lo mismo con el agua no lo dudamos, porque los que nos la venden también nos roban y ladrón que roba a ladrón tiene cien años de perdón (nos justificamos) y seguimos en el ciclo de la trampa.

Si una empresa gana una obra, la gana con trampa, y cuando ejecuta la obra le pone poco cemento y mucha arena y consuma la trampa. Si es que antes no le ha funcionado inventar cualquier pretexto y someterse a un arbitraje para no gastar nada y ganar con una gran trampa.

El que le pone agua a la leche, el que se queda callado con el vuelto equivocado, el que se baja la edad, el que se quita el anillo de casado frente a una hermosa dama, el que promete matrimonio pensando solo en llevarse a alguien a la cama…

El policía que pone una papeleta sin razón alguna, el que mira al policía y en silencio le paga. El profesor que adultera una nota, el que no estudia y copia con una mirada, el que brilla por su ausencia cuando debería estar en casa… todos, toditos hacemos trampa.

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