Panorama Cajamarquino

El otro día del padre

Se acerca el día del padre y todos celebrarán o recordarán de una u otra manera la importancia de la fecha y el recuerdo de esa figura determinante en la vida de cualquier ser humano, sin embargo hay un grupo de padres que se ven privados de ver a su hijos, e hijos que se ven impedidos de ver a sus padres por motivos diversos.

El caso es más frecuente en padres que son impedidos de ver a  sus hijos que madres que no se les permite hacerlo. Lamentablemente un divorcio o una separación suele ser el inicio del alejamiento del padre con los hijos y aunque debería establecerse un régimen de visitas, en la mayoría de casos se golpea al padre pegándole donde más le duele, en los hijos.

Y resulta que la madre se venga del esposo o exesposo impidiéndole que vea a sus hijos y los esconde o los niega, casi siempre orquestadamente con un grupo de rufianes que suelen ser su familia, amigas, vecinas u otras personas que nada tienen que ver en el asunto.

Tristemente se sigue pensando que los hijos son un trofeo, una presea, una corona que quien la tiene es quien posee la razón en el divorcio y por lo tanto es la víctima y el otro es el cretino perverso que merece el paredón y se oculta al hijo o los hijos y se cree tontamente que se ha ganado la guerra conyugal.

Se piensa erróneamente que el padre pagará con ello la infidelidad o la violencia o el haberse enamorado de otra persona y los hijos son usados como un instrumento para torturar al hombre al que una vez amaron y al que eligieron para que sea padre de su hijo o hijos.

No se piensa en el daño que se le hace a los hijos, no importa destruirlos moralmente,  que sean los que en su vida escolar carezcan de ese lado paterno tan determinante en esos años, solo importa el ego de la madre y su sentimiento de vencedora en una guerra que solo destruye todo sentimiento existente en ella, en los hijos y en el pobre y desolado padre.

Mientras ello sucede el padre tiene que convertirse en un sabueso y seguir todo rastro, un Sherlock Holmes y descubrir cada huella buscar todos los indicios y calcular todas las posibilidades… llorar en silencio porque la estúpida sociedad dice que los hombres no lloran y sigue diciendo que los hijos están mejor con las madres… y las autoridades rubrican lo dicho  y hablan de la felicidad del niño y de su bienestar, de su calidad de vida (cuando en el fondo no les importa).

A todos aquellos padres que no podrán pasar el día del padre con sus hijos porque se los niegan, mi fraterna solidaridad. No hay mal que dure cien años. No hay plazo que no se venza. No hay que perder la fe aunque pasen los días, semanas, meses y  los años. Un día a los hijos les crecerán alas y volverán hacia nosotros. Más temprano que tarde Dios vuelve a mirarnos y volvemos a sonreír porque la verdad siempre se impone y la fuerza de la sangre mueve el mundo.