Panorama Cajamarquino

Alejandro Toledo: Las cartas sobre la mesa

Alejandro Toledo dio una conferencia recientemente, lo que prueba que no tiene ningún reparo contra lo que se le imputa. La política peruana ha quedado conmovida con su actuación. Toledo no va a volver al Perú y dijo que sus huesos nos pertenecen.

A Alejandro Toledo lo conocí en campaña en una entrevista en Panamericana, aquella vez estaba rodeado de cientos de personas que lo aclamaban, además de policías que le brindaban protección por ser un candidato presidencial. Antes de que ingrese al edificio subieron sus agentes de seguridad para revisarlo todo, desde cámaras hasta micrófonos… un congresista cajamarquino de su partido le cargaba una botella con agua mineral y le proveía de caramelos mentolados – sospecho que para disimular el fufo alcohólico- Esa fue la primera vez que lo entrevisté. La última fue para este diario hace unos meses. Él iba a alojarse  en un exclusivo hotel en Baños del Inca, ahí lo esperé y llegó con un séquito de chakanos cual Atahualpa y con su inseparable Eliane.

Por ser un expresidente contaba con seguridad policial aparte de su seguridad privada, grandes hombres fortachones de mirada desconfiada pero de gran amabilidad. Nos reunimos en la sala y allí le hice la entrevista. Su voz engolada, sus largas pausas mirando al infinito y sus explosiones pletóricas de verbo. Nadie puede negar que es un hombre preparado, estadista y truculento. Luego de la entrevista conversamos un poco más informalmente y se enteró de mis aficiones literarias… de inmediato llamó a uno de sus agentes y le pidió traer el maletín pequeño que estaba junto a la mesa de noche de su habitación. Cuando su custodio volvió le entregó un maletincito de donde extrajo un libro “Las cartas sobre la mesa” libro autobiográfico con muchas fotografías, recién editado. “Para Jaime… Porque el Perú espera aún mucho más de usted” escribió en la dedicatoria antes de obsequiármelo.

Después entrevisté a Eliane, era mucho más bonita en la vida real que en las revistas o en la televisión. No quiso sentarse en el sillón donde se había sentado Toledo porque el cuero tenía una leve raspadura, me dijo que era un sillón inapropiado y usó otro de impecable aspecto.  Antes de empezar la entrevista me preguntó con ese acento draculiano – ¿Me garantiza que no va a cambiar nada de lo que le diga, que saldrá todo tal cual yo hable?- me dijo con esa severidad propia de su cultura. Le dije que no cambiaría nada, que no tenía ningún interés en desdibujar su imagen, que por cierto era muy agradable… Hicimos la entrevista y en realidad era más linda cuando hablaba tan bien y con tanta cultura. Mientras tanto Toledo calentaba motores con un Vodka. A unos metros de distancia.

Las cartas sobre la mesa… Ahora me acuerdo de aquel día mientras releo el libro autografiado de la vida de Alejandro Toledo, ahora que no tiene agentes de seguridad ni ayayeros que le den agüita mineral y pastillas mentoladas, ahora que 190 países lo buscan y que su captura tiene una recompensa. Parece que mientras las cartas estaban sobre la mesa Alejandro recibía dinero por debajo de la mesa… y me doy cuenta que el libro aún está inconcluso, que le falta el último capítulo a ese libro triste de su propia vida.

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