Panorama Cajamarquino

Mamajuana

Seis meses desde que te fuiste. Ha vuelto mayo. Ha vuelto una vez más vestido de azul, pero a diferencia de todos los años anteriores de mi vida hoy no estás conmigo para abrazarte y darte un beso en la frente. Sabíamos que llegaría este día y todos tratamos de evitarlo pero contra el tiempo nada se puede y tarde o temprano las fechas se cumplen.

Hoy es el primer año que no estaremos juntos todos alrededor tuyo cantándote una canción. Hoy viene el recuerdo de otros tiempos cuando todos felices te acariciábamos con las palabras, recordando tiempos lejanos que ahora, sé más que nunca, ya no han de volver.

A veces en mis sueños te veo y siempre te sueño a la misma edad, aquella que tenías cuando me llevabas de tu mano y yo apenas podía caminar puesto mi saco azul con botones de madera. Aquella edad en que los días aún no nos habían traído tanta tristeza como la que en este día me mira desde la ventana mientras la lluvia me recuerda a las tardes añejas de Hualgayoc.

Ya no volveremos a vernos nunca más y eso es definitivo, pero aún te sueño y allí caminamos como antes y llevamos jamones frescos a las tiendas en medio de calles empedradas y de amaneceres distantes. En mis sueños no hay lluvia que nos moje ni pena que nos alcance, allí todo es felicidad.

Esta vez la ausencia me sabe fuerte y hay ganas de desterrase a cualquier parque para que nadie me encuentre. Hoy precisamente que la lluvia de mayo golpea la ventana y que tu recuerdo vuelve más por las flores que otros años nos traían. Desde que te fuiste no he vuelto a oír tus canciones que hace años grabamos en viejos casets, pero te sigo buscando en las historias que me contabas mientras llovía y yo era un niño en Hualgayoc.

Los caldos de chancua, las viejas lámparas de carburo, el viejo ropero con el inmenso espejo en el que tantas veces te miraste y en el que se miraron todos aquellos que hoy están contigo en esa dimensión desconocida y lejana. Aquí te extrañamos todos. Hemos tenido que aprender a sobrevivir sin ti.

El día que te fuiste todo se rompió. Yo estuve ahí porque Dios lo quiso así. Sabíamos que tarde o temprano ese barco partiría y que nada podíamos hacer, excepto llorar. Sabíamos que en cualquier momento también las angustias se acabarían para siempre, el frío, el dolor…

Aquí te extrañamos todos Mamajuana. Me cuesta tanto escribir tu nombre, inevitable que el invierno del alma humedezca mis ojos hasta desdibujar tu nombre. Inevitable que en este día te recuerde herido de pena y de tristeza y con las ganas infinitas de decirte lo que pocas veces te dije… ¡Cuánto te amo!