Panorama Cajamarquino

Un muro

Parece extraño que hoy después de las lecciones terribles que nos ha dado la historia se pretenda construir un muro de más de dos mil kilómetros que separe a los países de México y Estados Unidos. Después que tantos otros muros cayeron hoy se pretende construir uno nuevo e imponente, tan imponente que se vea desde el espacio como la muralla china.

Estados Unidos eligió a su presidente y ahora él quiere cumplir su promesa segregacionista de hacer un muro que divida las naciones, que marque la frontera y que ningún mexicano cruce a su país. Dice que lo contaminan todo, que malogran su escala social y que causan daños a su economía, que generan la criminalidad.

Un muro que separe a los hombres que ya están separados por el idioma, por las costumbres y hasta por la fe. Un muro que nadie se atreva a traspasarlo sin recibir antes un certero balazo. Un muro para los hombres. No para las águilas a las que siempre les perteneció ese territorio. No para las mariposas monarca que cada año migran miles de kilómetros hasta llegar a los bosques californianos. No para el viento, ni para los ríos, dueños desde siempre de esa tierra que hoy el hombre demarca.

Siglos atrás los norteamericanos llegaron a América de todas partes, invadieron una tierra ajena que no les pertenecía y que era de los nativos americanos. La invadieron sin miramientos, se repartieron sin perturbaciones y con ellos llegaron enfermedades nuevas que diezmaron a los nativos, de los demás se encargaron los hombres blancos y a los que no pudieron matar los condenaron a vivir en reservas después de despojarlo de sus tierras y de aniquilar a sus dioses.

Un muro que marque el comienzo de la distancia. Que nos haga recordar a cada instante que no todos somos iguales y que América tiene dueño, propietarios. Después seguirá el agua y luego el viento. Alguna fórmula  aprenderá el hombre, algún infeliz invento que haga que no todos respiremos el mismo aire.

Un muro como los que encerraban los castillos de las guerras. Un muro que marque el comienzo del odio y que sea la señal de que en el mundo hay razas distintas. Años atrás también ellos fueron forasteros en esa tierra, antes de que inventen los motores y nos vendan Coca Cola. Antes de que inventen esa bomba que los hizo sentirse los dueños del mundo.

Un muro que nos separe más todavía, que nos impida soñar con un mundo igual en donde todos somos hermanos y en el cual las guerras que matan y destruyen no existen. Un muro triste de desprecio y abandono que nos haga recordar cada día que fracasamos como seres humanos y que hasta el viento y la tristeza son más libres que nosotros.