Panorama Cajamarquino

Una aventura

Un exregidor acaba de ser sentenciado a reconocer a su hija por haberse negado en dos oportunidades a realizarse un examen de ADN para verificar la paternidad de la niña. Un hombre que se muestra como un medioambientalista y defensor de la verdad.

La expareja mientras tanto hace gala de su elocuencia y muestra a la prensa el resultado judicial que avala la paternidad del exregidor y que le concede toda la razón a la señora. Muestra con alegría los documentos que el juez o la jueza le concedieron y está feliz con el resultado.

Sin embargo, dice que la pensión ha sido fijada en apenas 400 soles y que ella gasta más de eso en alimentos para la niña. Dice que 400soles no alcanza para nada, que es una burla, que seguirá luchando para que ese monto se incremente, que su expareja es abogado y que debe ganar mucho más.

El exregidor ha negado al mundo a esa niña, dice que no es suya que lo que tuvo con la señora fue solo una aventura en estado de ebriedad y que es improbable que ese fruto sea suyo. Ha puesto en duda la honorabilidad de la señora, y lo que es peor, ha negado la paternidad a una niña que su expareja asegura es suya.

Algo mal hay en toda esta historia. Negar a un hijo o hija es algo que el tiempo no perdona. Las noches de insomnios gritan la verdad. La almohada sabe bien de nuestras verdades y mentiras. Negar algo que uno hizo, sea bueno o malo, es un hecho que tarde o temprano se paga.

La madre grita a los cuatro vientos que la niña es de él. Él dice que es una terrible mentira. La niña no sabe nada de este triste problema, pero ella existe. Mientras tanto el tiempo pasa, la niña crece y mientras juega con muñecas se mira al espejo. Él llega a su casa y mientras duerme sueña y su almohada lo sabe.

Un día a la prensa esta triste historia de paternidad negada no le va a interesar. A nadie le importa si es su hija o no, a nadie le importa si él o ella mintieron. Pero la niña crecerá y quizás tendrá ese rostro negado en los papeles, pero que no se pueden negar en los genes… y otra historia empezará.

Don Fernando… reconozca a su hija. El tiempo es breve, la vida es corta. Somos productos perecibles, tenemos fecha de expiración y caducidad. Un día, el rato menos pensado, nos vamos de este mundo y no nos llevamos nada… excepto las cosas que hicimos, los recuerdos que dejamos, las historias que escribimos, los besos y abrazos que dimos a la gente que una vez amamos. Acepte su verdad, esa niña será feliz, no cuando la firme, sino cuando usted le diga sinceramente, desde el fondo de su alma cuanto la ama y que es su hija, fruto del amor, aunque sea de una aventura que usted ya olvidó.

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