Panorama Cajamarquino

Medicamentados

Pastillas para la tos, para la alergia, para el resfriado común, para dolores de cabeza y por supuesto ‘para los nervios’. ¿Se han dado cuenta de la inmensa cantidad de gente que carga fármacos en bolsos y carteras? Y existe una próspera industria de psicofármacos, léase ansiolíticos, antidepresivos, antipsicóticos, etcétera.

Desde hace años se les receta psicofármacos a niños, algunos de ellos muy potentes y con efectos adversos peligrosos como el famoso caso del Ritalin, por el cual hay hasta demandas judiciales en algunos países.

Se ha medicalizado la vida. Hoy se piensa que cualquier queja o dolor o mal comportamiento es una desviación cuando no una patología. Si mi hijo carece de modales y no quiere hacer la tarea, medicina con él; si no presta atención, pues medicina también; si yo no puedo superar la pérdida de mi amigo, medicina; si me cuesta dormir temprano porque tengo cien cosas en la cabeza propias de un ciudadano de esta sociedad estresada, seguro hay una eficaz medicina; si no tengo erecciones para entregarme al acto amatorio, más medicina para lograr izar la bandera. Si no tengo apetito, medicina y por si acaso otra medicina para combatir la acidez que me generan tantas medicinas.

Pero no toda queja o fastidio es señal de una enfermedad, ni siquiera es necesariamente un síntoma en el sentido clínico. Estamos viviendo tiempos donde se piensa que cualquier malestar, sea físico, anímico o moral, debe ser enfrentado con alguna pastilla de esas que crean ‘los grandes científicos’ (¿o las corporaciones?) que viven en lejanos países. Hemos ‘medicalizado’ la vida, pues hemos ‘patologizado’ todo.

No dudamos, seríamos necios de hacerlo, que la medicina es necesaria y cuando es recetada de manera correcta, ética y criteriosa nos hará bien. Pero los seres humanos no siempre trabajamos de manera ética y humanista.

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