Panorama Cajamarquino

Nos dieron gato por liebre

Los peruanos acabamos de ser testigos de un hecho lamentable. La leche que se nos vendía como tal, con fotografía de vaca en el tarro, no era leche, sino que se trataba de un producto que emulaba ser leche con algo de saborizantes y colorantes.

Hay generaciones que crecieron consumiendo ese producto que se promocionaba con mucha propaganda como leche de vaca, es decir, era hechura de las vacas, cuando en realidad se trataba de un producto elaborado en un laboratorio.

Nos engañaron una vez más como tantas veces. Indecopi no hizo nada, apenas si acaba de prohibir que la dichosa leche no se comercialice y que se impida su distribución temporalmente. Dicen que se investigará hasta las últimas consecuencias, que habrá sanciones y un largo etc.

Nosotros tomábamos orgullosos el producto y en algunos casos la historia continuó con nuestros hijos, era casi una tradición que fue exterminando a las lecheras y lecheros de leche auténtica y real, aquellos que distribuían de puerta en puerta cada mañana.

Pero finalmente se puso al descubierto la gran mentira y los mismos representantes de la empresa han tenido que aceptar la burda mentira y reconocer que no es de vaca y que no nutre como una leche natural, que era un remedo vil de aquella blanca y espumosa leche de las vacas de nuestros valles.

Ya para esto era tarde, generaciones de peruanos quedaron sorprendidos con la noticia y algunos entendieron el porqué de su tamaño, la tristeza de su altura, de su talla. Comprendieron por qué no crecían como los niños de las embusteras propagandas que hasta comparaban a los niños con jirafas.

Hoy ya es tarde, tenemos generaciones de peruanos malnutridos, que tomaron el equivalente de agüita de anís o manzanilla, de cedrón o de hinojo. Nadie va a poder resarcir ese daño de ninguna manera. Volvieron a engañarnos, nos dieron gato y pensamos que era liebre.

Ahora han surgido otras sospechas y la gente duda y se pregunta si la avena es realmente avena y si los cominos son realmente cominos. Si la harina es ciertamente harina o si las papitas en bolsa son realmente patatas, (quizás son de cartón con un poco de sabor y de color).

Aquí todo es posible. Habrá que volver la mirada a los lecheros y lecheras, a buscar los porongos de aluminio y quizás ahora mejor que nunca comprendamos que dejar lo viejo conocido por un nuevo que conocer fue un error, que la vida es más feliz con lo natural y que la leche fresca de las vacas no solo es más barata, sino que además nos garantiza de verdad una auténtica y Pura Vida.

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