Panorama Cajamarquino

Nadie es dueño de la vida de nadie…

La muerte de una persona que tenía requisitoria ha puesto una vez más en el tapete el accionar de la policía Nacional del Perú y otra vez el debate sobre el uso del poder del que harían los policías en determinadas circunstancias más allá de los delitos que se le imputaban al occiso quien murió baleado en una calle de Cajamarca por disparos de un efectivo policial en horas de la madrugada.

Si bien el hombre en cuestión tenía antecedentes y era buscado por la policía, no se sabe a ciencia cierta si la policía hacía a esas horas labores de inteligencia siguiéndolo para capturarlo o si simplemente fue un acto generado por el resultado del alcohol. Eso aún se investiga.

Tampoco para nadie es un secreto que la violencia y el actuar delincuencial en Cajamarca se ha incrementado ingentemente en los últimos meses en Cajamarca y que muchas veces los arduos trabajos que realiza la PNP quedan truncos por la fragilidad del Ministerio Público y del Poder Judicial. (Recordemos sino el megaoperativo montado desde Lima para capturar a “Los Camilos” y luego de tanto esfuerzo y de haberlos capturados infraganti con lo robado, casi el 90% de la banda se encuentra hoy en libertad).

Nadie es dueño de la vida de nadie, pero tampoco se tiene la potestad para robar y atemorizar, para extorsionar y romper la tranquilidad de personas honestas que se dedican a trabajar y que solo buscan el crecimiento personal y el de sus familias.

No creo que se trate de una cuestión orquestada para eliminar la delincuencia que existe en Cajamarca. No creo que la policía haya planificado la eliminación de una persona que se encontraba requisitoriada… seguro que surgirán los paladines oportunistas en medio de este caos a rasgarse las vestidura con el periodismo de siempre, ese que tanto daño le ha hecho y le hace a Cajamarca porque no hay un trasfondo real, sino un mero acto de aprovechar la oportunidad para incrementar sus bonos.

Nuestra sociedad merece la calma que siempre hemos buscado los seres humanos y eso incluye vivir en armonía y con ciertas reglas que hemos establecido a través del tiempo y parte de esas normas son el respeto a la propiedad ajena, a aquella que es la base de nuestra vida en consenso, la que nos da la calma como seres gregarios y que fundamenta nuestro concepto de vida en sociedad.

Nadie es dueño de la vida de nadie, pero tampoco nadie tiene derecho a hacernos vivir en un clima de miedo y de zozobra, de desconfianza y angustia. Antes de lanzar la piedra hay que pensarlo muy bien, antes de lanzarse a hablar hay que pensar que tras de cada historia hay otras historias más, padres, madres, hijos, hermanas, esposas… hay que pensar que tenemos la obligación moral e impostergable de informar con coherencia y responsabilidad, solo en eso se basa la credibilidad de un verdadero periodista.