Panorama Cajamarquino

Nuestro cholo más preciado ha muerto

Ayer murió uno de los cantantes más queridos del Perú y quien hizo de su canción “Cholo soy” un himno que fue cantado por cada provinciano que por mil razones acababa sumándose a esa migración constante que se dio en la segunda mitad del siglo anterior hacia la gran y extraña Lima.

Sus orígenes son cajamarquinos, aunque por causas y razones fortuitas nació en Trujillo, sin embargo, al quedar huérfano de padre vivió su infancia en Cajabamba, en donde, sin duda, se nutrió de ese paisaje y de esa vida que el campo suele dar y que solo algunos con el alma de artista suelen captar. Don Luis fue uno de ellos.

Luis Abanto Morales hizo de su esencia una carta de presentación y se sintió orgulloso de ser un cholo, tan orgulloso como cuando César Vallejo presumía de serlo en Paris o en Rusia. Luis Abanto Morales supo explotar esa esencia andina y consiguió ubicar esa palabra en el corazón de los peruanos con esa canción que en sus labios era un himno innato de millones de serranos que se atrevían a llegar a  la gran urbe limeña sin tener nada ni a nadie a forjarse una vida en una ciudad que los despreciaba por ser cholos, una ciudad que vivía ensimismada (como suele pasar con algunas familias hasta ahora) en los recuerdos de una alcurnia colonial y de una corona ya desposeída.

Hoy que para la gran mayoría el ser cholo es un acto negado. Hoy que hay gente que se siente ofendida cuando se la vincula con lo autóctono y que tiene vergüenza de su apellido al punto tal de modificarlo añadiéndole nexos vulgares o modificando alguna letra; don Luis Abanto se sentía orgulloso y mostraba sus orígenes más profundos con canciones que lo ubicaron en un pedestal entre los años ´50, ´60 y ´70. Del pasado siglo.

Ha diferencia de otros cholos famosos que la vida nos dio, él fue un hombre honesto y transparente como todo artista. Seguramente que después de César Vallejo, el más notable cholo peruano y el más querido. Nunca sintió vergüenza de que lo llamen como tal porque para él era un sustantivo que llevaba en su alma y nunca un adjetivo como nos enseñó la lengua española o como se ha convertido hoy en un mundo en donde nos choleamos para ofender o denigrar, para sentenciar e insultar. Para Luis Abanto Morales el hecho de ser cholo era un honor y así lo llevó hasta el último de sus días.

Hay ocasiones en que la muerte resulta un alivio y una gracia esperada hasta por uno mismo, parece que este ha sido el caso de don Luis, quien atravesaba por una larga y penosa enfermedad que lo había condenado a la soledad más absoluta por el afán de alargarle la vida.

Ahora que ha cruzado el umbral de la vida vendrán los homenajes, alguna avenida tendrá su nombre y alguna escuela y colegio se llamarán como él,  y algún padre arrepentido quizás se anime y le ponga de nombre a su hijo “Cholo”, porque recién empezamos a entender que ser cholo es un honor, un sustantivo y nunca un adjetivo.