Panorama Cajamarquino

Violencia contra la mujer e impunidad

De acuerdo con las últimas estadísticas, el 68% de mujeres ha sufrido violencia durante su vida, ya sea psicológica, física o sexual, de parte de sus parejas (ENDES,2016).

Los feminicidios, 45 en lo que va del año, así como las tentativas de este crimen, evidencian no solo la consecuencia fatal de la prevalencia de la violencia, sino además la crueldad que subyace en las agresiones y el odio que llega a inscribirse en el cuerpo de las víctimas; cuando sus agresores buscan asesinarlas y les causan profundos sufrimientos físicos.

Podemos –dolorosamente– contar casos de mujeres quemadas, mutiladas o agredidas con una brutalidad que solo puede entenderse en la misoginia que se plasma en estos crímenes, que, por supuesto, no son aislados, son el resultado de una cadena de violencias y de la impunidad que prevalece en el país.

La impunidad, este vergonzoso mal, es un denominador común en la mayoría de casos de violencia de género. En el 2016, el 46% de víctimas de feminicidio o tentativa acudió previamente a una instancia estatal a reportar hechos de violencia.

Es debido a la impunidad, ampliamente extendida y difícil de combatir, que muchas mujeres no acceden a la justicia, pero además han dejado de creer en la misma, resignándose a no denunciar o renunciando a procesos judiciales adversos en los que son ellas las que terminan siendo juzgadas, maltratadas y estigmatizadas.

Uno de los casos más emblemáticos de impunidad es el caso de Adriano Pozo, quien agredió brutalmente a Arlette Contreras en el 2015. Deberíamos recordar el nombre de este individuo como un agresor, quien aún campea en las calles sin sanción adecuada, en un país sin justicia para las mujeres.

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