Panorama Cajamarquino

En la piel de Milagritos

Mira atentamente el juego de sus compañeras de colegio y una sonrisa nace de sus mejillas cubierta de pequeñas manchas y forúnculos; sus ojos, cegados por el mal que la aqueja, tratan de ver el espectáculo de la naturaleza, finalmente sonríe

Por: Augusto A. Leguía

Milagritos Vásquez Jambo es una niña de 7 años muy especial, pues no sale a jugar al patio con sus amiguitas de la Institución Educativa Santa Beatriz de Silva, y se queda al cuidado de su maestra y la auxiliar de dicho plantel en el recreo, por unos minutos mira a su compañeritas correr y brincar desde los claustros del colegio en donde el sol no le hace daño y en compañía de “Teresita”, su muñeca de trapo.

Mira atentamente el juego de las menores y una sonrisa nace de sus mejillas cubierta de pequeñas manchas y forúnculos, sus ojos, cegados por el mal que la aqueja, tratan de ver el espectáculo de la naturaleza, finalmente sonríe.

Tal vez sueña que algún día sentirá el cosquilleo del sol en las mañanas, pero los doctores no le han dado esperanza, ya que el cáncer de piel, que fue detectado desde los 7 meses de nacida, la ha hecho que camine cubierta con cremas y lociones antisolares y vistiendo un gran sombrero que cubre el resto de su cuerpo.

La auxiliar de la I.E. Santa Beatriz, María Teresa Ruiz, le ha conmovido hasta el alma el estado de Milagritos, que cuando su maestra sale a atender sus otras ocupaciones, pues, además, tiene en su clase de 43 alumnas a una niña con un leve retardo mental, la lleva a su oficina en donde tiene una camita, juguetes y golosinas, todo lo necesario para divertirse hasta que se acabe el recreo.

A Milagritos le gusta reír y continúa abrazando a “Teresita”, que fue un regalo de su auxiliar (ergo: de allí viene el nombre). Me cuenta que es feliz y le gusta el curso de Comunicación Integral, a pesar que no me conoce, no es nada tímida, dice que quiere ser periodista cuando sea grande.

Luego, todo cambia, el recreo acabó y las niñas regresan al aula a recoger sus mochilas y loncheras, es el último día de clases, las alumnas se tomarán un descanso hasta agosto, Milagritos sigue sonriendo, pues sabe que por unos días seguirá durmiendo hasta la hora del almuerzo, y se despide de sus compañeritas que se encuentran agitadas de tanto jugar.

Lidia Elena Quiroz, maestra de Milagritos, manifiesta que a Milagritos le gusta recortar figuritas de revistas o libros viejos y dibujar. Ella lleva trabajando 22 años en el colegio Santa Beatriz y desde cuando recibió a Milagritos supo que la niña necesita una educación especial e individual.

Por lo tanto, Lidia Quiroz ha realizado las gestiones necesarias en el Ministerio de Educación para que Milagritos reciba dicho servicio, entonces ella se ha ofrecido a recibir la especialización, o sea recibir clases de educación especial los fines de semanas, y no derivar a la niña a otra institución, cosa que hubiera hecho cualquier profesora.

“Si ha llegado a mis manos la niña, entonces debo ayudarla a tener una mejor educación”, dice Lidia Quiroz.

Por último, la maestra narra que María Teresa y sus hijos están llevando a cabo una campaña de apoyo para Milagritos y está consiguiendo que más personas se solidaricen con la enfermedad de la niña.

EL PEOR MAL: LA POBREZA

Milagritos vive en una morada muy humilde, son trapos y triplay los que dividen la casita e improvisan cuartos y cocina, ubicada en el jirón San Marcos (Moyococha). Su madre trabaja vendiendo aves de corral y su padre es estibador en el mercado, ambos reúnen un presupuesto de S/ 500 para la manutención de la familia, pues, además, tienen 2 hijos, Jésica y Marianito.

Pero, lamentablemente, el dinero apenas les alcanza para adquirir algunos de los medicamentos que los médicos le recetan, ya que es atendida en el Hospital del Niño y en el Instituto Nacional de Enfermedades Neoplásicas (ambos en Lima) cada cierto periodo, y hasta para eso la plata no alcanza.

Por ejemplo, el 7 septiembre tiene una cita en Neoplásicas, en donde le revisarán su cuello y cabeza, ya que el mal ha empezado a expandirse por todo su cuerpecito.

En el 2010 en el Hospital de la Solidaridad de Lima, a través de una biopsia, se le diagnosticó atrofia epidérmica y melanosis nasal con cambios actínicos.

Se debe mencionar que su hermano mayor, Ángel Martín, murió hace 7 años con la misma enfermedad de Milagritos, el cáncer le provocó un tumor en su boca que hizo metástasis en el resto de la cara. Esos tumores ya empezaron a brotarle en el rostro de la menor, por consiguiente, los padres temen que la situación de Milagritos se complique.

La mamá cuenta que debe usar Eurserin PH5 e hidratantes después de haber lavado su carita con infusiones de anís y matico, cuyo costo bordea S/ 80, y, también, necesita Bioderma y vitaminas en cremas para su piel.

A pesar de lo mal que le ha tratado la vida a la familia, pues su hermana fue violada y su hermano menor ha despertado síntomas parecidos a la de Milagritos, su familia sigue mirando el sol, que le fue negado a Milagritos, con humildad y coraje, con fe y paciencia.

Parece que nada en el mundo es más fuerte que esta familia.

Por último, a solicitud de la auxiliar María Teresa, solicitan el apoyo de todos los cajamarquinos para mejorar la calidad de vida de Milagritos, cualquier ayuda será recibida en el colegio Santa Beatriz o comunicarse al celular 955573737.

¡Pongámonos en la piel de Milagritos y apoyemos!