Panorama Cajamarquino

Ni una menos… ni una más

El sábado se realizó en Cajamarca y otras regiones de nuestro país la marcha denominada “Ni una menos” en su versión 2017, que bien podría ser también “Ni una más” golpeada o violentada; tuvo amplia acogida, pero como siempre estuvo llena de oportunistas que buscan figurar con intenciones políticas y hasta quienes buscan protagonismo mediático por temas personales y hasta faranduleros.

Esa actitud de algunas infiltradas hace perder fuerza al espíritu de la marcha y distorsiona el real sentido y dimensión de lo que realmente se persigue como fin, el acabar con la violencia a la mujer y el objetivo de concientizar a la población en la igualdad de oportunidades, el respeto y la no agresión abusiva y desquiciada que se da cada día.

El Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (MIMP) ha informado que entre enero y junio del 2017, los 265 Centros Emergencia Mujer (CEM) han registrado 59 feminicidios, 11% más que el mismo periodo del año pasado; y 123 tentativas de feminicidio; en el mes de julio esas cifras se han incrementado superlativamente.

Pero mientras unas marchan con riguroso y vehemente afán, otras se esmeran por denigrar a su género y protagonizan espectáculos lamentables y siguen exhibiendo sus cuerpos casi desnudos en programas cuyo reto más grande es sacar una tuerca de un largo tornillo o recibir una torta en la cara por no saber si Perú  tiene mar o no.

Mientras unas demuestran que todo es posible cuando se quiere como Evangelina Chamorro resucitando entre el lodo después del huayco, otras hacen públicas sus miserias amatorias con indeterminado número de parejas y se victimizan hablando de lealtad y fidelidad cuando el felón esposo la engañó.

Nada justifica la violencia a la mujer. Nada en absoluto. Más aún si tenemos en cuenta que físicamente es más frágil que el hombre y que su estructura física es endeble. Nada puede avalar un hecho violento de un hombre a una mujer, ni la infidelidad, ni el abandono.

Otras, sin embargo, han querido hacer de la marcha un circo para buscar robar cámaras y conseguir réditos de fama que les sirvan para sus truculencias televisivas o para mantener cierta vigencia en la gente que todo olvida con prontitud. Ya tiempo atrás vimos como algunas que encabezaban estas marchas acabaron con programas en TV donde prostituían las miserias de la mujer peruana o a alguna otra ganar un premio dudoso en mérito al escándalo.

Las cifras por el momento siguen creciendo y los índices de violencia se siguen disparando. Los feminicidios son el pan de cada día y las comisarías, en algunos casos, siguen atendiendo con desdén las graves denuncias que muchas veces acaban muertas por la indiferencia de una sociedad que aún no reconoce la equidad entre el hombre y la mujer y la necesidad de vivir en armonía y respeto más allá de cualquier credo, interés o soterrado y provocado silencio.

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