Panorama Cajamarquino

Esa violencia que se esconde y que se aplaude

Una vez más, el tema de violencia sobre la mujer está en boca de todos tras la agresión que le propinó Martín Camino Forsyth a Micaela De Osma en Miraflores. El hecho fue grabado en un celular y difundido de inmediato en las redes sociales.

Todos se indignaron y se rasgaron las vestiduras, desde las conductoras de televisión que protagonizan spots televisivos en los que se busca concientizar a la población para poner fin a un problema creciente, hasta congresistas y por supuesto la ministra de la mujer quien hasta dio una conferencia de prensa cuestionando el hecho.

Sin embargo esa actitud no la tienen con la propaganda que a diario se transmite por todos los medios de comunicación masiva y que no hace más que cosificar a la mujer convirtiéndola en un objeto sexual que se muestra abiertamente en comerciales de cigarrillos y bebidas alcohólicas y en asquerosos programas concurso en donde se las obliga a usar diminutas prendas para captar más televidentes.

Hay mucho ruido mediático con el problema, pero mientras por un lado se cuestiona y sataniza, por debajo de la mesa se lo avala y promociona con el soterrado pretexto de la publicidad comercial que exhibe mujeres casi desnudas y que las denigra sin miramientos en todos los sentidos.

En su último reporte estadístico, el Ministerio de la Mujer informó que se han registrado hasta agosto de este año, 82 feminicidios y 156 tentativas haciendo un total de 238 casos de agresión contra la mujer. Y hablamos solo de casos denunciados que son apenas la punta del iceberg en el mar de nuestra sociedad peruana.

La violencia a la mujer también está en cosas más diminutas, aparentemente nimias como las miradas obscenas a una mujer con minifalda o los tocamientos indebidos que se dan a diario en los buses de transporte público.

En esas imágenes que se transmiten en horarios de protección al menor y que acaban incomodando a las mujeres televidentes. Ese tipo de violencia es más subterránea, avalada, protegida y festejada por los mismos que se rasgan las vestiduras cuando una mujer es golpeada salvajemente por una bestia.

La violencia está vigente en muchas otras formas casi aprobadas en consenso por los códigos de nuestra sociedad. Esa que estableció las restricciones para que las mujeres desempeñen ciertos trabajos o esa otra que fundó la iglesia con el cuento de que la mujer es la que debe servir al marido, y por lo tanto debe perdonar y aceptar.

Mientras sigamos siendo condescendientes con esas actitudes, mientras sigamos siendo permisivos y otorgando esas clandestinas licencias, seguiremos viendo a salvajes que golpean a sus mujeres por una mínima sospecha y seguiremos creciendo en las cifras de feminicidios.

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