Panorama Cajamarquino

El país de los violines y de violinistas

En nuestro país la jerga peruana ha denominado a los violadores como “violines” obviamente es un eufemismo para llamar a los depravados que han cometido una o más violaciones. La misma jerga denominó como “violinista”, no a un violador, sino a un tercero, en una relación de dos, el que sale sobrando cuando dos enamorados van abrazados por la calle, a ese tercero se le denomina “violinista”, porque viene a ser un acompañante innecesario cuya única función sería la de tocar una melodía ante el evidente amor de la pareja.

Hace unos días, luego de conocida la noticia del “violador del censo” se difundió por las redes sociales el slogan de “Perú país de violadores”, lo que fue condenado por muchos, cuestionado por otros y aceptado por pocos que sentían que no había mejor cliché para denominar a un país en donde las tasas de violaciones crecen ingentemente cada día.

La prensa chicha lanzó los titulares de “Perú… país de violines” en alusión a la propuesta hecha por dos congresistas peruanas, que aunque muchos se rasgaron las vestiduras, las parlamentarias dieron en el clavo. Era la cachetada que nos hacía falta a los peruanos para hacernos reaccionar sobre una realidad tan triste como inmisericorde. El hashtag #PerúPaísdeVioladores es un grito desesperado frente a la situación precaria de seguridad en la que las mujeres viven diariamente.

Solo de enero a setiembre, 5,707 mujeres han sido atendidas en los Centros de Emergencia Mujer por violencia sexual, de las cuales el 70% son menores de 17 años. Imaginen cuántos casos más hay sin denunciar.

Los noticieros nos trasmiten la noticia de la violación de una bebé de 2 meses y a los dos días con otra sobre la misma atrocidad a una bebé de 12 días de nacida, ambas por sus mismos padres.

Ante cada noticia de una violación, siempre hay un juzgamiento a la víctima, por su forma de vestir, su vida sexual o el más mínimo detalle que pueda hacerla ver culpable. Juan Luis Cipriani dijo que la culpa era de las mujeres que se ponían como en un escaparate.

El acoso sexual en las calles, centros de trabajo y redes sociales es pan de cada día. Se han normalizado las “bromas” y memes sobre violaciones. No hay una autocrítica sobre la masculinidad que permita salir del hoyo en el que estamos. El sexo se sigue viendo como una forma de ejercer poder sobre el otro.

Somos un país con violencia extrema a la mujer, secundada por las iglesias que buscan esconder reprochables conductas de todos los tiempos. Somos un país lleno de violines y la gran mayoría hacemos de violinistas, acompañando a una realidad que nos golpea diariamente en la cara y no estamos haciendo nada contra ella.

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