Panorama Cajamarquino

Crecer y morir son oficios tristes

La vida es solo un instante, pero nos cuesta aceptarlo, por eso sufrimos días y noches, semanas y meses que después se convierten en años y que nos van convirtiendo en personas llenas de tiempo.

Cuando somos niños queremos ser grandes y renegamos por el hecho de tener apenas unos años. No nos damos cuenta que la niñez nunca vuelve, cada día que se va nunca regresa.

Cuando niños los problemas son efímeros y se diluyen con los días. Los días se suceden uno tras otro y apenas si nos damos cuenta. Queremos que el verano sea eterno y nos atormentan los inviernos.

Pero cuando empezamos a crecer empiezan los sufrimientos, poco a poco vamos comprendiendo que era mejor quedarse en la niñez, seguir volando las cometas o gritando cuando jugamos a las escondidas.

Cuando crecemos las escondidas deja de ser un juego y los afectos se esconden de verdad, las personas a quienes amamos, los amigos más queridos y por más que los buscamos ya no los podemos encontrar.

Es cuando los primeros atisbos de la muerte nos visitan y empezamos a asistir a los funerales con más frecuencia. Amigos que se van para siempre, familiares que nunca más veremos.

La niñez es una etapa breve y pasajera, se desgasta pronto y apenas en cortos años nos deja esperando en la ventana de cualquier tarde la mirada de un primer amor que se pierde entre los días.

La niñez se marcha pronto y nunca más regresa. El juego de la guerra se convierte en un hecho de verdad. Los ríos dejan de ser ese lecho limpio de alegría, pronto se terminan y llegan al mar.

La vida es solo un instante, unos años que nos dejan con el alma herida. Unos años que pronto se van y apenas si alcanzamos nuestros sueños antes de que llegue el día.

Cuando la gente que amamos nos precede sentimos que el alma se quiebra, sentimos que la vida pierde su sentido, que nada ya vuelve a ser igual. La muerte llega, cuando menos la esperamos.

Nada en esta vida dura para siempre, lo eterno es una utopía que descubrimos un día al salir del colegio y cruzar una calle hasta llegar a nuestra casa con una noticia que aguarda.

La vida es un instante que se apaga prontamente. La vida no dura para siempre, por eso la niñez es tan feliz. La vida se evapora lentamente con los días que vivimos y morimos.

Nada nos llevamos, solo queda el recuerdo de lo que hicimos. Las personas a quienes amamos. Los poemas que escribimos y los libros que leímos.

La vida tarde o temprano se termina, por eso es preferible terminar los temas pendientes, decir te amo a quien amamos. Decir te extraño a quien extrañamos. La vida se termina en un instante…

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