Panorama Cajamarquino

El servil no ayuda, perjudica

 

Por Francisco Arroyo Cobián – Exalcalde de Cajamarca, Expresidente regional, Excongresista de la República.

Luego de las noticias que hicieron saber de los grandes actos de corrupción por parte de autoridades, aparecieron ciudadanos condenando estas acciones y también otros tratando de defender o defendiendo “a morir”, a quienes las cometieron.

El caso Lava Jato, que involucra a las constructoras Odebrecht, OAS, Camargo & Correa, así como a la empresas consorciadas, también ha traído como consecuencia la opinión ciudadana en pro y en contra, donde se han sumado medios de comunicación, que con mayor o menor intensidad llevaron a algunos a la pérdida de la dignidad y al servicio y obediencia ciega a quien ostenta el poder cayendo en el servilismo.

De igual modo ha ocurrido en muchas regiones, donde gobiernos regionales y municipalidades también tienen lo suyo y no lograron escapar a la tentación del mal de la corrupción, acompañada de comparsas de defensores de lo indefendible, que permitió que sumisos , adulones saquen cara por este mal detestable, en lugar de condenarla.

Y es que el servilismo que es la tendencia exagerada a servir y satisfacer ciegamente a la autoridad o poder, rompió barreras y el rebajamiento, adyección moral se hizo evidente, dando lugar a lo más bajo de la escoria humana: agachar la cabeza y adular para resaltar lo inexistente de la autoridad para ganarse el favor político, económico y a la vez hacer de “ganapán”.

Se dice a nivel nacional que “la radio, la televisión y la prensa pugnan por conservar una economía económica que les permita mostrar en todo momento una opinión objetiva, veraz y libre de servilismos”, mas muchos medios no pudieron escapar de los tentáculos del poder que domina todo y se fortalece con los arribistas convertidos en serviles.

Un servil no ayuda, perjudica a la sociedad creando contradicciones cuando hace creer a la autoridad que está en lo cierto, que no comete errores y como menciona Carlos E. Climent: “Se deja de escuchar a las personas meritorias y bien intencionadas que tienen la capacidad de hablar con claridad sin maquillar sus argumentos ni comportamientos.

En cambio los mediocres, que además son hipócritas, encuentran en el servilismo el camino hacia el éxito con sorprendente frecuencia. Estos personajes compensan su falta de carácter con su gran capacidad de acomodarse a cualquier circunstancia”.

El sol no puede ser tapado con un dedo y el pueblo es sabio para no dejarse confundir y dejar de ver la verdad, diferenciando con claridad lo que es y no es la  corrupción, aunque los serviles traten de hacer ver lo que les conviene.