Panorama Cajamarquino

Escribir es un oficio triste

Esa labor de informar que a veces se hace tan difícil. Decir la verdad no es una tarea fácil, a veces es un oficio triste que suele postergarnos para algún rincón de los días. Que suele darnos con un palo y también con una soga como decía Cesar Vallejo.

Santiago Roncagliolo ya lo decía: “Crecer es un oficio triste” y escribir lo es más todavía. Mañana es el día del periodista, fecha importante para el almanaque que nos anuncia el inicio del último trimestre del año.

Y la prensa está en los escaparates, colgada con ganchitos de ropa en los kioskos, mostrando sus noticias en los televisores, en los millones de televidentes que ven desde su cómoda estancia un trabajo que puede haber tardado días o meses, quizás hasta años.

La prensa mientras tanto, escribe las noticias de mañana, pinta las tragedias de colores, los crímenes y esas cosas horrendas que suelen fastidiarnos tanto. La radio igual transmite noticias que nos llenan de melancolía.

Y hoy hay una manera diferente de hacer periodismo, lo llaman periodismo ciudadano y a diferencia de antes, ahora todos tenemos una cámara fotográfica en el celular, una filmadora que convierte a cualquiera en el testigo especial que graba y que transmite en vivo o que puede colgar sus noticias en las redes sociales.

Se le ha añadido más tristeza a la vida con el progreso, cada vez es más fácil acceder a las tragedias cotidianas, a las tristezas infinitas de los periódicos virtuales, a los videos siniestros de terribles accidentes que acaban sacudiéndonos el alma y a veces hasta nos conducen al llanto.

Un día para la prensa, esa que pinta de colores y a veces es roja y sangrienta y otras veces es amarilla y mala compañera. Otras simplemente es azul como las lágrimas de los días que se suceden incontables en cadena, mientras nos hacemos viejos y acumulamos historias, mientras lloramos en secreto cuando crecemos.

Escribir y crecer son oficios tristes, decir lo que sucede en las calles y avenidas, contar la historia desde nuestros ojos, de nuestra voz… de nuestra alma. Pelearse con la gente que no entiende y que siempre quiere una historia diferente.

Yo no sé si hay una felicidad colectiva, pero existe la felicidad en la esencia de hacer lo que a uno realmente le gusta y le apasiona. Contar historias llenas de esperanza, pintar el mundo con papel tatuado con los días y las horas….