Panorama Cajamarquino

BALCÓN INTERIOR – Atentado moral contra el alcalde

 

En el corso de carnaval de este año se han mostrado las creaciones artísticas de cada barrio. La creatividad se ha lucido y se ha hecho gala de originales trajes que han marcado una vez más la tradición cajamarquina que año a año se pinta de colores en la fiesta más representativa de Cajamarca.

Hay una conducta negativa que se repite cada año y es que, por más que se pida a los espectadores que no ingresen a la pista a tomarse fotos, porque eso genera retrasos y afea el desfiles, es por demás; hay una tozudez extrema con ello al igual que los improvisados bailes de algún espontaneo que azuzado por el alcohol se lanza a zapatear con las participantes.

Este año el triste espectáculo lo dio el barrio San José quien mostró el lado más vil y la bajeza más grande con una ofensa ruin y asquerosa al alcalde de Cajamarca. Se puede discrepar ciertamente de la política del alcalde, se puede estar en desacuerdo con algunas acciones, pero llegar a anatemizar de esa manera la imagen de la primera autoridad es una ofensa inmoral y chusca que debe ser sancionada.

He visto el corso con mis hijas y mi esposa y ante la escena vil una de mis hijas me pidió una explicación de tan grotesca vileza, tuve que explicarle que a veces algunos seres humanos son tan idiotas que habría que inventar una nueva escala de discapacidad intelectual y que son tan pobres de espíritu que ni siquiera merecen prestarles atención.

El vergonzoso espectáculo denigró la imagen del populoso barrio que es uno de los más antiguos e importantes de Cajamarca y que se caracteriza por la valentía de sus habitantes que habrán sentido vergüenza ajena con la representación difamatoria  de ese espectáculo para nada jocoso ni valiente.

No quiero imaginar el mal momento que habrá pasado el acalde junto a su familia. Este tipo de actos no pueden repetirse nunca más con nadie. Debería aplicarse una sanción al comité del barrio por haber permitido y avalado la repugnante presentación de ese trío de pelagatos que envalentonados por usar una máscara creían que su adefesio era gracioso.

Se supone que el corso es un espectáculo público y familiar, que puede ser apreciado con nuestros hijos y demás familiares y que no van a ver escenas que atenten contra la moral o la integridad de las personas. Esa presentación basura desvirtuó la presentación del barrio que es uno de los íconos de nuestra ciudad.

Para hacer reír no es necesario llegar al insulto, esa ignominia ha hecho que el carnaval, y de manera especial el corso del carnaval cajamarquino, caiga en el deshonor y la vergüenza.