Panorama Cajamarquino

Michiquillay y Cajamarca

La adjudicación del megaproyecto minero Michiquillay a Southern Perú es una noticia de impacto en varios ámbitos, tanto a nivel de la región Cajamarca como a escala nacional. Uno de los factores más importantes es que el esquema minero se desarrollará de la mano con las comunidades campesinas de la zona, tal como lo ha asegurado el presidente de la República, Pedro Pablo Kuczynski, en un claro ejemplo de minería responsable con el entorno natural y el bienestar de la población rural cercana al yacimiento.

Es esta clase de minería la que ha permitido al Perú lograr los niveles de desarrollo más importantes de su historia. Se trata de un motor dinámico que goza de una sinergia vital con otras actividades económicas, logrando un efecto positivo que favorece a las comunidades aledañas a los proyectos de extracción y favorece al país en su conjunto. De allí la importancia del flujo de capitales al sector minero para continuar esa senda de progreso.

En el caso de Michiquillay, las expectativas son inmejorables porque se vislumbra un mejor precio del cobre, una producción de 100,000 toneladas de este mineral al año, un aporte de 0.5 puntos porcentuales al crecimiento anual del PBI, además de contar con el respaldo social de las comunidades en el área de influencia directa, el requerimiento de no menos de 10,000 trabajadores, una inversión aproximada de 2,000 millones de dólares, entre otros.

Y la región Cajamarca será directamente beneficiada. De acuerdo con las proyecciones, el impacto laboral y económico se sentirá en tres años como mínimo, cuando empiece la construcción de la mina, luego de culminarse los estudios de factibilidad y de impacto ambiental. Una vez que empiecen las operaciones, traerá consigo notables oportunidades de desarrollo para la población, como la generación de nuevos puestos de trabajo formales directos e indirectos, la entrega de canon, la promoción de proveedores locales y la ampliación de infraestructura.

De esta manera, Cajamarca está llamada a ser un polo de desarrollo al convertirse en la región minera cuprífera del norte peruano, comparable con el que ya está consolidado en el sur, gracias a otros proyectos que pueden ser concesionados en el futuro como Galeno, Conga, Yanacocha, La Granja y Shahuindo.

Es cierto que la historia de la minería en el Perú ha dejado cicatrices por los relaves y pasivos ambientales de hace más de 50 años, cuando no había una cultura medioambiental de alta calidad, y también es natural la incertidumbre que genera en algunas poblaciones que viven de la agricultura la puesta en marcha de algunos planes de extracción.

Sin embargo, el Estado hace los máximos esfuerzos para remediar sus efectos y despliega medidas para que las partes lleguen a consensos que permitan el desarrollo minero. Para ello, vela y trabaja en el diseño de reglamentos que faciliten las inversiones y que también protejan el derecho de la gente a un ambiente sano y equilibrado, sin riesgos de daño ecológico ni en perjuicio de los recursos naturales. Michiquillay es un ejemplo de ese empeño.