Panorama Cajamarquino

INFORME – La Revolución Velasquista y la fiesta brava en el Perú

El gobierno velasquista no solo no benefició a la fiesta brava en el Perú, estuvo a punto de desaparecerla, pues viéndolo bien y analizando serenamente a través del tiempo transcurrido, la mal llamada reforma agraria, implantadas en el Perú por el general Juan Velasco Alvarado, fue lo peor que le pudo pasar al ambiente taurino en el Perú.

 

Por: Mario Rojas

Hace poco leí un artículo del analista de literatura taurina José Céspedes Linares, que decía que el golpe militar del general Juan Velasco Alvarado en 1968 produjo un drástico cambio en la sociedad peruana, pues se efectuaron profundos cambios estructurases de todo nivel y por lo tanto repercutieron también en el ambiente taurino del Perú, y da a entender que por el espíritu nacionalista de la revolución velasquista la fiesta brava en el Perú dejó de ser un espectáculo de elite y de clases altas, y que la feria taurina de octubre era exclusiva para una afición elitista de mentalidad colonial que no aceptaba la idea  de tener toreros peruanos actuando en ella junto a las figuras extranjeras.

 

También dice que a partir de 1968, año en que se produce el movimiento de la revolución velasquista, la empresa extranjera que organizaba la feria de octubre  fue obligada por la Asociación de Toreros del Perú a incluir un torero peruano en esta temporada  y a partir de esa fecha, y debido al nacionalismo generado por la revolución militar, se comenzó a dar oportunidad ininterrumpidamente a los toros peruanos en la feria taurina de octubre, por lo tanto el movimiento velasquista democratizó y benefició la fiesta brava en el Perú.

 

A mi modo de ver, el gobierno velasquista no solo no benefició a la fiesta brava en el Perú, estuvo a punto de desaparecerla, pues viéndolo bien y analizando serenamente a través del tiempo transcurrido, la mal llamada reforma agraria implantada en el Perú por el general Velasco Alvarado, fue lo peor que le pudo pasar al ambiente taurino en el Perú, pues lo que hicieron no fue una reforma agraria, sino una confiscación de tierras y bienes agrarios que cayeron en manos no solo de los campesinos y trabajadores de las haciendas confiscadas, sino también, y esto es  lo peor, en manos de sindicalistas de izquierda que entraron a gerenciar sin saber nada de actividades agrícolas y menos administrar un complejo agrícola, como sucedió con los grandes complejos azucareros de la costa que hasta estos días están en una situación calamitosa y producen muchos menos que cuando estaban en manos de sus antiguos propietarios.

 

De las ganaderías de esa época que se dedicaban a la crianza de reses de lidia   haremos una pequeña reseña, como un triste recuerdo, pues la gran mayoría de ellas, por no decir la totalidad, desaparecieron del mapa como sucedió con las ganaderías que nombramos a continuación.

 

La Viña, ganadería que por sí sola podía abastecer todos los ejemplares que fueran necesarios para organizar una temporada completa de la feria de octubre en Lima y cuyo propietario, el gran ganadero Víctor Montero, llegó a exportar magníficos ejemplares a las ferias de Colombia. Otras de las buenas ganaderías que pastaban en los predios de Lambayeque, como la anterior,  fue “Yencala”, los Miuras peruanos,  llamados así por la bravura extraordinaria que tenían sus animales que hacia recordar a los míticos Miuras españoles, pues su propietario, don Humberto Fernandini, era un ganadero bastante exigente.

 

CHUQUIZONGO

Y LA HUACA

 

Las ganaderías que pastaban en la serranías del departamento de La Libertad, que tenían cruce de sangre española y mexicana y cuyos propietarios, don Vicente Gonzalo de Orbegoso y Moncada y su hijo Luis Orbegoso Alvarado, eran unos ganaderos de postín que abastecían de toros a muchas ferias a lo largo y  ancho del país y por supuesto a la feria de octubre.

 

Jaral del Monte. Ganadería de pura casta española, pues fue transferida íntegramente con vacas y sementales directamente de España por el gran ganadero don Fernando Graña Elizalde. Pastaba en la serranía de Piura.

 

Huando.  Magnifica ganadería que pastaba en el fundo Huando en Huaral (Lima)    que pertenecía al ganadero Jaral del Monte.

Las Salinas. Ganadería de los hermanos Dapelo que pastaba en Lurín (Lima) y lidió ejemplares de indulto en la feria de octubre en Lima. Llegó a ser la preferida de todas las figuras españolas.

También citaremos a las ganaderías de Callese y Salamanca que son las únicas que no hizo desaparecer la tan famosa reforma agraria, pues hasta hoy perduran. Salamanca en manos de su actual propietario Orlando Sánchez Paredes y Callese que fue comprado por el ganadero cajamarquino don Adolfo Amorín Bueno y se lidia actualmente or el nombre de Vista Alegre.

Hablando de las ganaderías cajamarquinas que desaparecieron completamente de las ferias taurinas tenemos, entre otras:

CHETILLA de don Eduardo Villacorta Arana, vecino de la provincia de Chota, quien la formó con vacas de La Pauca y sementales de la ganadería mexicana Rancho Seco, la cual tuvo la  mala suerte de caer en manos de la famosa reforma agraria, cuando estaba en sus inicios de formación.

CHALA. Esta legendaria ganadería de reses bravas que pastaban en los predios de Bambamarca  que abastecían  de toros bravos a las ferias de la región, desde los lejanos años del siglo XVIII y que pertenecía  a la familia Miranda, a partir de los años 60  del siglo pasado; ya en manos de su nuevo propietario don Luis  Zárate Bringas que empezó a refrescar la sangre y compró un lote de vacas de  la ganadería La Pauca y lo cruzó con un semental de pura casta española de Santa Coloma que dio magníficos resultados, pero cayó en manos de la reforma agraria del régimen velasquista, por lo cual rápidamente desapareció del mapa.

LA PAUCA

sta  famosa ganadería cajamarquina, una de las mejores del Perú y a la vez  una de las más extensas de Latinoamérica, fue creada por su propietario el gran ganadero Rafael Puga Estrada con vacas  de Yencala y sementales nacionales, posteriormente la incrementó con un lote de vacas de la ganadería mexicana La  Punta; asimismo, adquirió sementales de las mejores ganaderías de esa época,   tanto de México como de España, con magníficos resultados, y llegó a exportar todos a la feria  Señor del Gran Poder de la ciudad de Quito (Ecuador), a solicitud del gran matador de toros Manuel Benites “El Cordobés”, máxima  figura taurina de esa época. Además, a la ganadería La Pauca tenemos que agradecerle los buenos aficionados cajamarquinos el fomento de la fiesta brava, hasta el punto de ser considerado el departamento de Cajamarca el más taurino del Perú.