Panorama Cajamarquino

COLUMNA BALCÓN INTERIOR – El diablo en campaña

 

Las campañas políticas han comenzado. Los candidatos al gobierno regional y a la alcaldía de Cajamarca han lanzado sus candidaturas y otros lo harán en los próximos días en medio de bombos y platillos y de las infaltables portátiles que son infaltables en cada uno de los lanzamientos de cada candidato.

Poco a poco las propuestas se van perfilando y lo que en un momento fue algo impensable se va haciendo realidad. Aparecen candidatos de todas las cataduras por todas partes. Están los que no tienen ninguna posibilidad, los que tienen modestas posibilidades y otros que lideran las intenciones de voto y que al final tampoco llegarán a la meta.

Han aparecido candidatos conocidos, de gran trayectoria. Hay otros que más bien parecen roedores sacando la cabeza desde una madriguera y hay otros que apenas puede ser creíble que surjan en la escena de la política local. Hay candidatos esperados y otros desesperados… pero todos hablan de honestidad.

En días como estos la honestidad es una bandera que se agita en todos los partidos. Los jóvenes critican a los más viejos. Los más viejos se jactan de experiencia. Los nuevos hablan de pureza y se beatifican, se dicen inmaculados…

Rostros conocidos aparecen como si nada hubiera pasado. Como si los errores de los que todos hablan nunca hubieran ocurrido. Los viejos dinosaurios reaparecen con la piel cambiada. Los más jóvenes son una historia parte, los llaman los pulpines de la política y los critican por sus vientres de alquiler, por sus indecisiones y por ser veletas que el viento sopla.

Cada campaña suele ser patética. Los “te quieros” y sonrisas de los políticos son el pan de cada día. Y sin duda una de las características que más destaca en estos días de efervescencia son los golpes arteros y las campañas sucias.

Las redes sociales se llenan de personajes misteriosos, sin identidad definida y con fotografías falsas para despotricar de quienes despuntan en las preferencias. Los peruanos somos muy hábiles para la guerra sucia, para denigrar y para el ataque soterrado y subterráneo, para torpedear cualquier candidato que propone cosas buenas.

Al final la historia tiene un final conocido, casi lo mismo como suele suceder en el amor. Llega después el desengaño y nos queda la duda de qué hubiera sido si hubiéramos elegido diferente. Al final siempre el desenlace es el mismo. Siempre acabamos decepcionados y casi negando por quién votamos.

Después de unos años otra vez nos volvemos a ilusionar. Las calles se llenan de afiches y de pintas y de políticos que hablan bonito y que nos vuelven a enamorar… después la historia se repite, todo sigue igual, después de un tiempo volvemos a sentirnos mal y otra vez nos vamos a votar.