Panorama Cajamarquino

COLUMNA BALCÓN INTERIOR Él cada día la engañaba…

Él cada día la engañaba…

Él le había dicho que se había peleado con su esposa, que ella ya no lo quería, que nunca lo entendió. Él le dijo que amaba a sus hijos y que por eso vivía en la misma casa, pero que estaban separados y que la mayor parte del tiempo dormía en el sillón cuando llegaba tarde a casa cansado cada día del trabajo.

Él le había dicho que sus hijos eran lo que más amaba. Que por eso no hizo maletas para dejar la casa. Le había dicho que sin sus hijos no concebía la vida y que por eso aún seguía viviendo en la misma casa que esa mujer a la que ya no amaba. Que ella fue el gran error de su vida y que hacía mucho tiempo junto a ella ya no dormía.

Ella le había creído y pensaba que era un hombre bueno. Un padre perfecto que haría cualquier cosa por los hijos a los que amaba. Ella empezó a soñar con él cuando no estaba a su lado y cuando llegaba la noche miraba por la ventana hacia la nada, pensando en aquel hombre que diariamente la enamoraba.

Ella empezó a imaginar una vida con él y escuchaba las historias que él le contaba casi entre lágrimas. Muchas veces vio los ojos de él aguarse como el invierno lo hace en el frío de una frágil tarde. Ella creía en él y poco a poco se dio cuenta que lo amaba, que estaba cada día más y más enamorada…

Él mientras tanto llegaba a su casa cada tarde y le decía a su esposa, a su mujer, cuánto la amaba. Él cada tarde luego del trabajo retornaba a la casa que habitaba y jugaba con sus hijos mientras revisaba las tareas que habían hecho durante el día, mientras hablaba con ellos de sus días de escuela. Él para la madre de sus hijos era el padre perfecto.

Él después de la cena le hablaba de amor a la mujer a la que tenía a su vida atada y hablaban de su día y de las cosas que faltaban por hacer en un mañana que pronto llegaría. Ella, la madre de sus hijos, simplemente lo amaba y sentía que su ternura la llenaba. Y una mirada cómplice los atrapaba antes de ir al lecho en donde cada noche se amaban.

Por las noches él dormía con su mujer y con la otra soñaba… con aquella a la que le había dicho que a su esposa ya no amaba… y dibujaba sobre su almohada esa mirada y esa sonrisa que extrañaba con los ojos cerrados. Su esposa a veces despertaba y lo contemplaba mientras lo cubría con una manta sin saber que él con otra soñaba.

Y cada mañana él salía de la casa y buscaba a esa otra a quien le decía que su esposa no lo entendía, que dormían en camas separadas, que hacía tiempo que con ella no pasaba nada… y ella lo miraba enamorada, le tomaba de la mano y despierta soñaba… y sentía un amor nuevo que la embargaba y no sabía que era una más, una mujer más a quien él engañaba.