Panorama Cajamarquino

COLUMNA LAS ÁGUILAS VUELAN MÁS ALTO

Por Francisco Arroyo Cobián  (*)

Cajamarca no debe ser campamento minero

Apenas se adjudicó la buena pro del megaproyecto Michiquillay a la empresa Southern Perú Corporatión, aparecieron voces manifestando el buen momento del ciclo de precios de los metales, en particular del zinc y del cobre. Se manifestó que estos precios altos reactivan la economía y la caja fiscal. Que otro factor positivo son las altas expectativas del crecimiento de la economía mundial, esperándose que aumente la demanda por nuestras exportaciones. También consideran un factor clave la recuperación de la inversión privada y por supuesto muchos aplausos por lo referido a Michiquillay como eje propulsor de próximas inversiones a gran escala.

Estoy totalmente de acuerdo que todo lo manifestado y es necesario decir que son factores positivos para la economía del 2018, pero es indispensable situarse en lo que ha ocurrido.

La prometedora Michiquillay ha sido adjudicada y siendo un yacimiento de clase mundial que según los cálculos entraría en operación en el 2025, con una inversión de más de 2 mil millones de dólares, tendrá que cumplir con todos los ofrecimientos para ser viable de manera sustentable en el tiempo para lograr su explotación. Así que se debe entender y debo repetir una vez más que esta adjudicación debe generar beneficios sociales y económicos a las comunidades campesinas de Michiquillay y la Encañada; así como para toda la región Cajamarca. También repetiré que se deberán tomar todas las buenas experiencias y desechar las malas prácticas en la explotación de otros yacimientos que ocasionaron conflictos sociales y daños irreparables a la economía local.

Entre otras muchas recomendaciones manifesté que Cajamarca no debe convertirse en “campamento” del megaproyecto y sin embargo ya nacen voces capitalinas discordantes de personas que poco conocen la realidad y consideran desde ya, por la cercanía del yacimiento a la ciudad, que no se necesitan de campamentos y; aprovechan lo sucedido en Michiquillay para relacionarlos con otros proyectos que tienen otro tipo de problemas y por lo tanto otro tipo de soluciones.

Al tocar en esta oportunidad el tema que Cajamarca no debe ser “campamento”, es por cuestión técnica que deriva en lo social y económico. No puede un proyecto de esta envergadura hacer colapsar todos los servicios de una ciudad. Una ciudad se diseña y se planifica para un crecimiento ordenado y con la precaución de contar con el equipamiento urbano necesario para satisfacer a todos los ciudadanos y para ello se debe contar con los elementos básicos como fuentes de agua para abastecer toda la ciudad con servicio permanente, con alcantarillado y plantas de tratamiento de residuos sólidos y líquidos. No se puede concebir un campamento dentro de una ciudad donde se vulnere la zona residencial, la comercial, la de vivienda-taller, la industrial, la de usos especiales y la zona agrícola que es invadida por el concreto y que finalmente se crea el caos constructivo, de tránsito y de total precariedad en todos los aspectos.

Cajamarca, ya lo sufrió y no se merece nuevamente este mal que acarrea también los grandes problemas sociales y económicos, donde la prostitución, la delincuencia, las cantinas y el alto costo de vida se hicieron presentes. No podría soportar los casos de exclusión social, donde las diferencias y brechas sociales se hicieron muy evidentes, pues eso se crea cuando en un lugar de extrema pobreza, se forjan con aptitud y accionar equivocados un desbalance social, económico y político.

Los consejos ya los dimos en su oportunidad en el aspecto laboral, social y económico y hoy repito: Cajamarca no debe ser campamento minero. El campamento del megaproyecto debe ubicarse en el mismo Michiquillay por el bien de todos.

(*)Exalcalde de Cajamarca, Expresidente regional, Excongresista de la República.