Panorama Cajamarquino

COLUMNA CANTARES DE MUJER  – Tu voz queda en el Barrio María Elvira

 

“Si me faltaras no voy a morirme/ Si he de morir quiero que sea contigo/ Mi soledad se siente acompañada/ Por eso a veces se que necesito Tu mano/ Tu mano/ Eternamente tu mano “

 Pablo Milanés

Una de las voces más lindas se apagó en sumo silencio, como fue, su vida misma.  Cantaba de vez en cuando en el Usha, Usha, haciendo dúo con el Jaime de su costado eterno.  Le faltó armarse de valor, de   fuerza  para dar a conocer  esa prodigiosa voz, grabada en las paredes, en la que no  escribió si quiera  su nombre MARÍA ELVIRA.  Allí queda  por siempre, profunda,  callada, grave…

En el rinconcito aquel  también, el aliento permanente hacia el “cantor de la noche”,  cantautor que, vertiendo canciones en su vientre, la colmó de amados hijos, que hoy sienten la partida de la mujer que aceptó la suerte que la existencia le fue dando y quitando a su manera.  Allí quedan las cenizas de los infinitos cigarros que fumó para calmar las penas y contradicciones indistintamente. También esa dicha a medio consumar que da los días de sol o la plena luna.  La alegría que da los aciertos  de los hijos, la llegada de los nietecitos,  buscaban sus ojos para sentir la razón de vivir.

Cantaba “Yolanda” de Pablo Milanés,  su canción símbolo, la gutural presencia de su espíritu paciente y tranquilo. La cantaba sola o a  dúo con  Jaime.  Hubiésemos querido escucharla toda la noche,  sentirla brillar  en un escenario, desgranado la multitud de sus ilusiones dispersas en el olvido, en el trajinar cotidiano, para renovar la vida de los suyos;  de ese corazón que le empezó a fallar, cansado de tanta batalla con el destino, con la felicidad esquiva.  La felicidad es siempre esquiva, se detiene, se pierde, se ausenta, regresa en un momento  fugaz, pero renueva,  da fuerzas  en la brega diaria.

MARIA ELVIRA  compañera inagotable de  ese cantautor que trabaja, por dar nombre a este  pueblo,  sacrificando la noche, la garganta, sus sentimientos,  para iluminar sus canciones inventadas con olor a tierra pura, a valle, a cajacho naturale, a paisaje  cajamarquino y latinoamericano.  Calló su voz,  le pedimos perdón por no haberla valorado en vida, como debió ser.  Su noble corazón ha de perdonar nuestros olvidos,  descansando en la paz de los recuerdos.