Panorama Cajamarquino

COLUMNA DE LA LIGA DE LUCHA CONTRA EL CÁNCER

 

Por Sonia Díaz Estacio

 

La fase preclínica de la enfermedad comienza con el inicio biológico de la enfermedad. A partir de entonces, la enfermedad va progresando y llega un momento en que empieza a ser detectable con la prueba de cribado. Esta fase, en que la enfermedad es detectable pero aún no hay síntomas, se denomina fase preclínica detectable y depende de las características de la enfermedad y de las características de la prueba de cribado. El beneficio del cribado se basa en la asunción de que la aplicación de un tratamiento precoz debido a un diagnóstico precoz será más eficaz  en comparación con la aplicación de un tratamiento una vez que aparecen los síntomas. El objetivo final de un programa de cribado no es la reducción del número de casos, sino la reducción de la mortalidad y morbilidad por la enfermedad cribada. La aplicación de un programa de cribado adelanta la fecha del diagnóstico de la enfermedad y, en consecuencia, el tiempo de supervivencia se prolonga automáticamente. No obstante, esto no tendrá valor si el tratamiento precoz de los casos diagnosticados no tiene impacto sobre la mortalidad. Un programa de cribado requiere de una evaluación continua y permanente con el fin de generar información y conocimiento para la toma de decisiones dirigidas a garantizar la eficiencia, la eficacia y la calidad de los procesos, el resultado y el impacto del programa. El objetivo fundamental del cribado es reducir la incidencia y mortalidad por cáncer de cuello uterino. Idealmente, el cribado debe identificar a las mujeres con infecciones por el VPH o lesiones cervicales precursoras con mayor riesgo de progresión a cáncer invasor (máximo beneficio), y evitar la detección y el tratamiento innecesario de lesiones intraepiteliales no progresivas o lesiones benignas asociadas a infecciones transitorias por VPH (daño potencial). Por todo ello, en la práctica la detección de lesiones intraepiteliales de alto grado, como lesión inmediatamente precursora de cáncer invasor, es la entidad que mejor permite valorar la eficacia del cribado. La prevención de todos los cánceres de cuello de útero es utópica. No hay ninguna prueba con sensibilidad del 100 %, por lo que siempre existe un riesgo residual de cáncer tras una ronda de cribado o cáncer de intervalo (falsos negativos o neoplasias de progresión rápida). Es importante reconocer las limitaciones de los programas de cribado cervical basados en la citología. En primer lugar, la citología tiene una sensibilidad limitada en la detección de lesiones precancerosas y cánceres tratables. Por ello, se ha recurrido tradicionalmente a la repetición de citologías con intervalos frecuentes  con el fin de asegurar la eficacia de los programas. En segundo lugar, la citología es poco reproducible, con resultados escasamente coincidentes incluso entre expertos en los programas con controles de calidad. En tercer lugar, la citología requiere de la existencia de una importante mano de obra y, hasta la fecha, los resultados de automatizar la lectura de la citología cervical no ha aportado resultados satisfactorios.