Panorama Cajamarquino

COLUMNA CANTARES DE MUJER La Casa del Pueblo no es más del Pueblo

 

Acostumbrados a dar como seña  “la farmacia está frente a la Casa del Pueblo” o  “a la Casa del APRA” o  a “la Casa de las cinco estrellas”.  Nos habíamos acostumbrado a ella.  No estaba cuidada como debió ser.  Su patio, sus grandes salones, sus resquicios,   no tenían la vida que DON MIGUEL  JAVE  RODRÍGUEZ hubiese querido  darles.  La heredó a sus compañeros que la  ocupaban, sin darle el mayor brillo que merecía.  Pasaron por ella infinidad de campañas, que llevaron al sillón municipal a los apristas, al de la región, al congreso.  Hubo mítines, debates, reparto de juguetes para las navidades, visitas de connotados representantes apristas, de la Alianza Americana.

Por allí desfilaron varones,  mujeres apristas, la mayor parte de ellos y ellas de los sectores populares y campesinos que creyeron que la estrella alumbraría su camino,  el desarrollo de esta tierra donde campea la pobreza, la desnutrición, la falta de empleo, la ausencia de auténticos líderes, como aquellos que participaron en la Revolución de Trujillo y fueron perseguidos  por doquier.  Aquellos que creyeron firmemente en la ideología aprista, en Haya de la Torre, su jefe máximo, el orientador de sus batallas.  Aquellos que trabajaron codo a codo con Don Miguel Jave por esos ideales que ahora se desvanecen como el humo.  Ahora que la CASA DEL PUEBLO pasará a sus angurrientos familiares que no supieron honrar la memoria, ni el deseo de este patriarca aprista que dejó su casa, sus bienes, su vida para los compañeros.

No soy aprista, nunca lo fui, ni lo seré, pero admiraba a DON MIGUEL JAVE  porque era un jurista probo, un Señor que supo entregarse al pueblo.  Defendía a los pobres, nunca se enriqueció con el sudor de los más débiles.  Trabajó con honestidad como aquel otro patriarca político de izquierda DON MIGUEL MONTOYA CHACÓN.

¡Qué diferencia con los apristas  del montón de ahora! sólo se valen del partido para acceder a una curul, sea del nivel que sea.  “Militantes” que no pudieron defender LA CASA DEL PUEBLO, frente a una justicia injusta como siempre, que no  respetó la voluntad de su dueño,  recibiendo  la coima de sus familiares, que ni siquiera fueron sus hijos.  Estos y aquellos echaron por tierra la voluntad no sólo de un hombre brillante, sino de una entidad, de un patrimonio que hizo historia en Cajamarca.