Panorama Cajamarquino

INFORME – Cárceles Productivas: “Trabajar en un penal con aires de libertad”

 

Visitar una prisión puede ser o parecer, para casi cualquier ser humano, una experiencia deprimente e incluso traumática. Sin embargo, la reciente visita de Panorama Cajamarquino al centro penitenciario de Huacariz no fue para verificar una mala noticia; muy por el contrario, fuimos testigos de que cuando un ser humano quiere trabajar y además sentirse útil y digno, los muros de una cárcel no son ni serán un impedimento para conseguirlo.

 

Texto y fotos: Jorge Luis García Flores

 

El desarrollo del programa Cárceles Productivas es un taller productivo que está integrado actualmente por más de 400 internos del penal de Cajamarca, quienes básicamente aplican o adquieren destrezas laborales que les permiten realizar una serie de productos que luego pueden ser ofrecidos a empresarios o al público en general.

 

Conversamos con el director del reclusorio de Huacaríz, oficial penitenciario Hugo Blas Leyva, quien nos dio la bienvenida en su oficina y ofreció las primeras luces y alcances sobre Cárceles Productivas.

 

“Gracias por esta entrevista. Estamos próximos a inaugurar de manera oficial el nuevo taller productivo de trabajo que ofrece mejores condiciones y capacitación para los internos. Se ofrecen cursos de carpintería, tallado, productos hechos de melamine, sastrería, zapatería, biselado de vidrio, peluches, tejidos, bordados y artículos de tela como carteras y mochilas”, explicó.

 

– ¿Cuál es la población actual y qué porcentaje se dedica a estas labores?

– Tenemos en estos momentos 1 500 internos y los que están desarrollando estos talleres son un promedio de 400, en otras palabras, casi un tercio de la población penal se preocupa por trabajar y rehabilitarse. Y esto es bueno, porque ahora se está pensando en ampliar más zonas para estos talleres que al final es la visión actual del Instituto Nacional Penitenciario (INPE).

 

Esto abre las puertas al empresariado o a cualquier persona que quiera invertir, porque, en contra de lo que se pudiera creer, aquí tenemos mano de obra muy capacitada. Por ejemplo, tenemos el apoyo de la Cámara de Comercio y Producción de Cajamarca, del Gobierno Regional de Cajamarca, de pequeños empresarios y de personas naturales que están apostando por la rehabilitación de los internos.

 

– Imaginamos que los internos perciben un beneficio económico por su labor.

– Por supuesto. El trabajo y el producto económico del mismo redunda en favor de sus familias y esto es lo que ha creado un gran entusiasmo en todos ellos. El sentirse útiles y productivos les da otra visión, otras metas. Es un hecho que tanto el trabajo como la educación son los dos pilares fundamentales para su total rehabilitación.

 

– ¿Tiene usted un mensaje para las familias de los reclusos?

– Que sigan alimentando las esperanzas, porque aquí sus familiares están dedicándose a su trabajo como corresponde y esto acompaña a un cambio de actitud muy importante en sus personas, desarrollando un espíritu laboral que les permite aportar y colaborar con sus seres queridos.

 

VISITANDO

TALLERES

 

Al término de este diálogo, Hugo Blas nos invita a visitar los talleres productivos. Aceptamos, pero debemos ser sinceros en reconocer que lo hacemos con un cierto resquemor interno.

 

Sin embargo, al llegar al lugar indicado, los muros del centro penitenciario pasan a un segundo o tercer plano, inclusive parecen desaparecer, porque de hecho, si no fuéramos plenamente conscientes de que estamos en el interior de un penal, nuestra primera impresión sería estar parados en medio de un taller o fábrica similar, o aún mejor, a cualquier otra del exterior.

 

Aquí conversamos con varios de los internos. Son seres humanos que te dan la mano de manera firme. Te miran directamente a los ojos y no bajan la frente, no se esconden de la cámara. Es un hecho: son personas que se sienten orgullosas por la labor que realizan y por el producto de las mismas.

 

A pesar de que nos dan sus nombres sin ninguna reticencia, al final optamos por no publicarlos, debido a razones claramente comprensibles.

 

– ¿Buenos días, qué labor desempeña usted aquí (preguntamos a un reo)?

–  Vengo trabajando en este taller desde sus inicios. Confecciono sillas, mesas de comedor, camas, cómodas y todo lo que se refiere a carpintería. Aprendí la carpintería en el interior del penal y lo vengo haciendo desde hace ya muchos años.

 

– ¿Cómo se siente al poder dedicarse a esta profesión?

– En realidad me siento muy satisfecho. Esto me permite desarrollarme más y sobre todo puedo colaborar con la economía de mi familia. Estoy orgulloso porque aparte de todo, lo que más satisfacción me da es que lo que obtengo lo invierto en la educación de mis hijos. (Se manifiesta de manera firme y orgullosa y no podemos evitar sentirnos internamente conmovidos por el brillo que notamos en su mirada).

 

– ¿El hecho de estar interno no te impide ser una persona productiva?

– No, para mí no. Desde que ingresé a la cárcel he procurado ser una persona útil. Mi salida está programada para este 2018, después de cumplir una sentencia de 20 años. Cuando salga me voy a dedicar a trabajar en lo que he aprendido a realizar y querer: la carpintería.

 

– ¿Si tuvieras al frente tuyo a tu familia qué les dirías?

– Sobre todo agradecerles el apoyo que me han brindado mientras he estado en prisión. Ellos no me han abandonado y esa es la razón principal por la que quiero ser mejor y por la que ahora tengo un proyecto de vida.

 

Hay quien podría preocuparse al pensar que los internos tienen entre sus manos herramientas punzo cortantes; no obstante, nosotros nos sentimos seguros con ellos.

 

Como el interno a quien entrevistamos, hay muchos otros que nos invitan a ver sus trabajos. Observamos mesas, sillas, barcos a escala, escritorios, bibliotecas, camas, cuadros, tallados con el rostro de Jesucristo e inclusive hermosas imágenes labradas en forma muy pulida en cuerno de toro.

 

PABELLON

DE MUJERES

 

Sin embargo, aún nos aguardaba otra sorpresa, porque luego el director del penal nos conduce ahora al pabellón de mujeres. En este lugar encontramos un taller de costura con modernas máquinas que permiten hacer numerosas labores, pero aún más importante, hay mujeres que, al igual que los varones, trabajan en medio de un ambiente de marcada alegría.

 

“Aquí confeccionamos mochilas, loncheras, tomatodos, almohadas personalizadas. En realidad podemos hacer todo lo que los clientes desean. Yo vengo desde el penal de Trujillo y es ahí en donde he aprendido estas labores”, manifiesta una de las reclusas.

 

– ¿Qué productos son los más solicitados?

– Ahora las mochilitas y las almohadas para los jardines. Como son personalizadas, estampamos o bordamos en ellas los nombres que nos piden. Es más, muchas veces son las mismas visitas las que al observar estos trabajos nos piden un variado número de estos productos que ellos luego ofrecen en los jardines.

 

– ¿Y ustedes siempre están listas para suplir esos pedidos?

– Por supuesto. ¿Quién no quiere vender o aprovechar esta oportunidad? Nosotras lo hacemos y en verdad nos gusta realizar esta labor.

 

Llegados a este punto, recién nos percatamos que hemos permanecido absortos por más de dos horas contemplando estos trabajos y conversando con sus autores. En realidad, no hemos sentido el paso del tiempo e indagamos sobre la manera de propalar y apoyar esta labor de rehabilitación con Hugo Blas, quien amablemente nos ha servido de guía en todo momento.

 

“Hoy miércoles (11 de abril) se va a realizar una exposición de estos trabajos, gracias a que el Poder Judicial nos ha abierto las puertas de su auditorio para facilitar que la población conozca lo que elaboran estas personas trabajadoras. Verdaderamente deseamos que las personas conozcan y apoyen esta labor”, nos indica finalmente Hugo Blas, mientras nos acompaña a la salida del reclusorio.

 

Nos retiramos con una sensación muy distinta que cuando ingresamos. Y es que estas personas (no me referiré a ellos como internos), demuestran que la capacidad humana para trascender, no puede ser detenida por muros de ninguna especie.

 

Por mi parte, finalizaré este informe recalcando lo siguiente: Sí, en efecto, son hombres y mujeres recluidos en un penal. Y al mismo tiempo son seres humanos que trabajan con aires de libertad.