Panorama Cajamarquino

LAS ÁGUILAS VUELAN MÁS ALTO – El país quiere unión, alguna prensa no la desea

 

Por: Francisco Arroyo Cobián (*)  Exalcalde de Cajamarca, expresidente regional, excongresista de la República.

 

Acabamos de pasar por una seria crisis política, en donde un presidente se ve obligado a renunciar al comprobarse la compra de votos de congresistas para evitar su vacancia. Surge entonces el nuevo mandatario Martín Vizcarra, con un mensaje conciliador, anteponiendo situaciones de creencias políticas, con un mensaje de “dejar los odios al costado y trabajar todos unidos por el Perú”.

Al margen de lo exitoso o no que pueda ser su gobierno en el futuro, el mensaje está dado y es un magnífico llamado a todos los pobladores, pues en la historia de nuestra querida patria siempre fue el odio el que nos dividió y este nos retrasó en el logro del desarrollo nacional. Vizcarra sabe que en tanto exista este mal, estamos condenados a la derrota moral, económica y con un destino a perderlo todo y de ahí su llamado a la unión.

Se pensaba que al darse esta transferencia presidencial habría un punto de inflexión y que los odios traducidos en la prensa escrita y hablada cesarían. Sin embargo, no fue así y todo continuó como antes o peor y es que, a mi manera de ver las situación, confirmo que no existe amor a la patria, no existe ese civismo que debe conducirnos al bienestar, no existe esa mística patriótica que haga vibrar los corazones e ir por el camino que nos enrumbe al éxito. Todo lo contrario, se anteponen los intereses mezquinos, subalternos, políticos y económicos que cada periodista posee, en su falsa creencia que posee la verdad y aun no siendo así juega a favor de su propio provecho, cumpliéndose el lema que “el periodismo puede ser la más noble de las profesiones o el más vil de los oficios”.

Persiste la situación de alguna prensa en socavar nuestra incipiente democracia, mintiendo, generando escándalos, y donde los hay, acrecentando los ánimos para alimentar la confrontación y dañar al adversario personal o de la empresa de quien gana su sustento, convirtiéndose en fieles serviles de su jefe o patrón a quien veneran, se arrastran y hay que agradar para mantenerse en el cargo, convirtiéndose, como decía el escritor José Ingenieros, “El hombre mediocre”.

He apreciado que cuando se trata de hundir a sus adversarios, los hacen aparecer en las primeras páginas con titulares que van más allá de los hechos, perdiendo la objetividad que es principio fundamental del periodismo; y, ver también determinados canales de televisión que durante días insisten en ese tipo de noticias, usando a sus locutores y por supuesto con invitaciones para entrevistas a los más connotados “enemigos de sus enemigos”. En tanto, cuando son los propietarios de los medios en los que laboran los implicados hasta en delitos, callan, silencian la noticia; hecho que también realizan al tratarse de los políticos consentidos, de su simpatía o miembros de su partido político que profesan y tratan de guardar un secreto a voces.

Soy un convencido y fiel creyente que el “señor dinero” compra las conciencias, hecho que se puede lograr en mentes débiles y personalidades disfuncionales, sin moral alguna, donde el daño que puedan realizar ya no cala en lo más mínimo de su conciencia, habiendo perdido los límites entre la razón, la pasión y la ética. Se perdieron en su propio laberinto que algún día pagarán por designios de la vida. Como dice el poeta: “Vuestra alma es, a veces, un campo de batalla sobre el que vuestra razón y vuestro juicio combaten contra vuestra pasión y vuestro apetito”, a pesar que ya el alma la hipotecaron “al lado oscuro del mal”.

El país quiere unión, alguna prensa no la desea, porque existe el odio que es una tendencia a aprovechar todas las ocasiones para perjudicar a los demás. Eso debe terminar algún día y ahí seremos verdaderamente libres.

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