Panorama Cajamarquino

Madre: sublime ser de amor y abnegación

Por: Hugo Reyna Goicochea

 

El regalo maravilloso de la vida que nos ha dado Dios, es justamente a través de un ser sublime: ¡Nuestra querida madre! Sea este segundo domingo de mayo, la ocasión propicia para reiterar nuestro sagrado compromiso de homenajearla y rendirle pleitesía.

El rol protagónico de la mujer madre

 

Los seres humanos, paradójicamente “racionales”, que sumieron a la mujer a un rol secundario, eminentemente reproductivo; en algún momento del desarrollo social, reivindicaron el trascendente rol de la mujer madre, justamente en los procesos de progreso, reconociendo en ellas su protagonismo, tanto en la continuidad de la especie, como en la afirmación de su cada vez más importante concurso en las esferas de la vida social, económica, cultural y política. No obstante, también producto de sus propias luchas y reivindicaciones de sexo.

 

Un día del año para homenajear a la madre

 

Aunque como dice el poema: “Este domingo de mayo vergüenza debiera darme, marcar un día del año para querer a la madre”, eso es justamente lo que nos sucede a casi todos, ante el advenimiento de cada segundo domingo de mayo.

 

Muchos de nosotros para sosegar nuestras conciencias, para mitigar nuestras desazones, por la marginación, la indiferencia o el abandono, durante el transcurso del año, hacia nuestras madres; nos mostramos solícitos y predispuestos a promover y organizar, con insinceros entusiasmos, celebraciones con desayunos, almuerzos, cenas, regalos y cuanta actividad formal pretenda, marcar un día del año, para querer a la madre. La subliminal publicidad por este día

Obteniendo provecho con este día

 

Indudablemente que en la sociedad de consumo, en la que vivimos, fechas como estas, son propicias para promocionar el “amor a la madre”, pero desde una óptica esencialmente lucrativa, más aun cuando ya en nuestra ciudad, contamos con la presencia de imponentes establecimientos comerciales, que integran cadenas nacionales e internacionales.

 

Al respecto, como antesala a este día, se han diseñado, subliminales campañas publicitarias, supuestamente de regalos “necesarios”, para las mamás: flores, electrodomésticos, perfumes, zapatos, bebidas alcohólicas, celulares, carteras, almuerzos y comidas, con espectáculos musicales y hasta el regalo de automóviles, y cuanto producto pueda ser consumido, a través de atractivas ofertas, es decir: ¡Feliz Día Mamá!, pero ¡más felices las cajas comerciales por los ingresos monetarios! Todo un cambio y desnaturalización de tan trascendente efemérides.

 

Un verdadero homenaje

 

No obstante, lo descrito anteriormente, quienes todavía tenemos la dicha de contar con la presencia de nuestras madrecitas, sí que debemos hacer un alto en nuestras agitadas y complicadas vidas para dar gracias a Dios por aun tener su compañía, ya que la ingratitud de los hijos, ha sido, es y lo será siempre mitigada por el amor de una madre. También dar gracias al Divino Hacer, por tener ya en su regazo divino a aquellas madres, a las que en vida, no se supo darles su lugar.

 

Quisiera terminar este sencillo homenaje, agradeciendo al Creador por habernos permitido nacer de las entrañas sublimes de la mujer hecha madre. Un saludo para todas ellas, en la figura materna de la Madre de Dios, la Santísima Virgen María. Gratitud eterna para nuestras progenitoras, para aquellas madres trabajadoras, que conducen, con denodado esfuerzo, de manera individual, sus hogares; también para las madres prematuras, para las abandonadas por esposos y parejas o simplemente condenadas a la soledad por la ingratitud de la familia al estar ya en la ancianidad, y constituye un estorbo en el hogar. Mi homenaje asimismo para las madres maltratadas, víctimas de violencia familiar y aunque parezca paradójico, en la sociedad actual, del feminicidio que pareciera no tener límite, frente al machismo y actitudes desquiciadas de mentes enfermizas, que no comprenden que nacieron del vientre de una madre.

 

¡Feliz día madrecitas!

 

Finalmente, dejémonos de falsas posturas, de poses y regalos fatuos, ya que las madres simplemente desean paz y armonía en su familia. Sea este día de pleno amor y reconciliación, con aquel ser divino que nos dio la vida. Que nuestro amor y respeto sean todos los días del año y no como lo dice Nicomedes Santa Cruz: “Este domingo de mayo vergüenza debiera de darme marcar el día, la hora y premeditar el instante inventar un día al año para querer a la madre…”.