Panorama Cajamarquino

Palabra y honor: un binomio perfecto para la paz

Por Mg. Jenny Díaz Honores

 

Hace dos meses, durante las negociaciones para la compra de un predio, el vendedor, un peruano hijo de padres japoneses, me informo que había dos compradores interesados también en la propiedad, con los cuales no se había concretado la transacción, al parecer porque no lograban completar el precio de venta. Ante esta situación, y debido a que nosotros le habíamos requerido quince días para la firma del contrato, plazo al que el vendedor accedió; le solicite que me dé su palabra y compromiso que la venta estaba cerrada con nosotros y no aceptaría la intención de compra de otros interesados. Solicitud a la cual accedió diciendo: “tienes mi palabra, el terreno ya no está en venta porque será suyo”. A lo cual yo respondí: “confió en usted, entonces”. El vendedor replico diciendo: “si yo no respeto mi palabra, mi honor y el honor de mi familia se verá afectado.” Ante ello solo asentí con la cabeza, sonreí y él extendió su mano, la cual estreche en señal de acuerdo y compromiso de cumplimiento.

 

Posteriormente, ya concretada la compra venta del predio, en una conversación el intermediario de la transacción me dijo: “señorita, días después del acuerdo verbal con el dueño, uno de los interesados en la compra del predio lo busco, ofreciéndole más dinero por el terrero”. Yo pregunte: “¿y que le dijo el japonés?” (así lo llaman quienes lo conocen). Respondió: “él dijo que la venta ya estaba realizada y aun cuando todavía no se ha firmado el contrato, su palabra tiene más valor que cualquier documento notarial”.

 

Este relato en estos tiempos de modernidad, nos lleva a la reflexión sobre la importancia del valor de la palabra empeñada, del compromiso y respeto al otro, pero sobre todo el respeto a uno mismo de cumplir sus promesas. El significado de “te doy mi palabra”, no es otra cosa que dar la palabra de honor, de compromiso o empeño de la propia dignidad como prueba de que alguien será fiel y leal en el cumplimiento de una promesa o compromiso. Es asumir una responsabilidad de cumplimiento de un acuerdo. La frase “te doy mi palabra” expresada con el lenguaje verbal constituye una garantía, símbolo de honestidad y compromiso. Sin embargo, con la evolución de las sociedades se ha ido perdiendo el valor de la palabra empeñada y sustituida por la escritura o formalismos que garanticen el respeto y cumplimiento de los acuerdos han devaluado a la persona y han devaluado a la sociedad, pues al no respetar nuestros compromisos verbales, surgen uno y mil pretextos para no cumplir nuestros compromisos escritos con los otros. Cuando cada uno de nosotros frente a un compromiso verbal, lo respete, no solo estamos erigiendo nuestro honor, sino también nuestra dignidad. No hay duda que la caída de la palabra en diferentes ámbitos de la vida, condiciona la perdida de la dignidad y el honor de la persona, y es un aliciente para la violencia. En nuestros tiempos es necesario hacer honor a nuestra palabra y con ello fomentar la paz en nuestra sociedad. Con mayor razón es muy importante cumplir espontáneamente nuestra palabra empeñada en un acta de conciliación con acuerdo total o parcial, sin necesidad de que la otra parte recurra al Poder Judicial.

[1] Abogada por la Universidad de San Martín de Porres. Magister en Derecho Civil de la UAP. Expositora en negociación, conciliación y arbitraje. Directora Presidente de ASIMARC.