Panorama Cajamarquino

Partidos sin candidatos, candidatos sin partido

Por: Francisco Arrroyo Cobián

 

La desinstitucionalización de los partidos políticos ha llegado al punto más crítico de la historia nacional, cuando apreciamos, con mucha desazón, en estas últimas elecciones que se aproximan, que reina el caos al comprobar, una vez más, que se encuentran desarticulados, alejados del pueblo y de las “bases partidarias” con las que ya no cuentan.

Las cúpulas partidarias se vuelven a encontrar con su triste realidad, en donde el trabajo que debieron realizar terminados los últimos comicios y durante el transcurrir del tiempo no lo hicieron, convirtiéndose en partidos que solo aparecen en elecciones sin programas, muchos sin ideología y doctrina e inclusive muchos sin un “plan de acción mínimo” o “ declaraciones de principios” que puedan  llegar a los pobladores con un mensaje serio, objetivo y veraz, que satisfaga las inquietudes ciudadanas.

Lejanos quedaron los tiempos de la formalidad de los años 20 y 30, cuando cada partido o movimiento que se formaba contaba con una ideología que los sustentaba y mantenía en el tiempo y el espacio, con doctrinas apoyadas en corrientes políticas, filosóficas, sociales y económicas de la época. Lejanos quedaron los tiempos en que el mismo partido era el encargado de forjar escuela de líderes, con adoctrinamientos capaces de rebatir ideas contrapuestas y desarrollar nuevos criterios de acuerdo con la realidad nacional que nunca permanece estática, sino siempre en movimiento y cuyos nuevos argumentos de la modernidad hay que desarrollar para estar de acuerdo con los nuevos objetivos y justicia social que el pueblo requiere.

Considero que en muchos casos fue la incapacidad de nuevos dirigentes que recibieron la herencia de grandes partidos con un legado que no supieron mantener por su negligencia y falta de liderazgo, pero también es cierto que en otros casos fue el egoísmo que no permitió que nuevas generaciones ocuparan el lugar que les correspondía, pues sus ambiciones y temores de verse desplazados pudieron más que la grandeza de ver partidos sólidos y fortalecidos con nuevos líderes que aportarían mucho al éxito partidario y por tanto al de la patria.