Panorama Cajamarquino

La función debe continuar

Los payasos estuvieron de fiesta. Ayer fue su día y muchos de ellos se vistieron con sus trajes multicolores y sus enormes zapatos, se pintaron la cara, se pusieron sus pelucas y sus narices rojas para salir a la calle a gritar su felicidad.

Los payasos son seres buenos que buscan en la risa un pretexto para ser felices. Saltan y hacen maromas con ruidosas cachetadas que no son de verdad, cantan y bailan, juegan y gritan aunque nadie sabe la tristeza que oculta el maquillaje tras su soledad.

Aprendieron a dibujarse las caras con líneas felices. Se vistieron con holgados pantalones en los que bien cabrían varios hombres. A veces un sombrero gracioso, otras una peluca de nylon, pero en lo profundo de su ser habita un noble corazón que hace reír aunque él tenga que llorar.

Más allá de sus ojeras pintadas de blanco hay un alma que sufre de verdad. Decidió un día dejar otras historias para recorrer el mundo cantando una canción para ganarse un aplauso. Una broma gritada al viento, una canción que llene al mundo de felicidad.

Saben mejor que nadie que la función debe continuar, por eso aun cuando la pena los abate, deben seguir lanzando una carcajada ruidosa, cantando una canción feliz, aunque en secreto el maquillaje se despinte por las lágrimas y su dolor.

A menudo los niños les tienen miedo, por sus risas y el disfraz, pero en poco tiempo se dan cuenta que solo buscan hacer reír y terminan estrechándolos entre sus brazos. Los payasos siempre fueron el pan blanco para el alma de la gente triste.

Cantinflas fue uno de los payasos más queridos. Supo hacer de ese arte una forma distinta de virtud y trascendió en el tiempo como nadie jamás imaginó. Un payaso es un amigo, un ser distinto salido del mundo de la imaginación.

Ya lo decía el poema de Juan de Dios Peza, Reír llorando:

¡Cuántos hay que, cansados de la vida,/ enfermos de pesar, muertos de tedio,/ hacen reír como el actor suicida,/ sin encontrar para su mal remedio!

¡Ay! ¡Cuántas veces al reír se llora!/ ¡Nadie en lo alegre de la risa fíe,/ porque en los seres que el dolor devora/el alma llora cuando el rostro ríe!

Si se muere la fe, si huye la calma,/ si sólo abrojos nuestra planta pisa,/ lanza a la faz la tempestad del alma/ un relámpago triste: la sonrisa.

El carnaval del mundo engaña tanto,/ que las vidas son breves mascaradas;/ aquí aprendemos a reír con llanto, /y también a llorar con carcajadas.