Panorama Cajamarquino

La violencia humana

Por José H. Rodríguez Villa – Antropólogo.

 

A propósito que la Asociación Familia Sana y la Alianza por la Salud y la Vida de las Mujeres, estarán próximamente analizando las causas de la violencia de Género con FRAY JULIAN, me permití escribir algunas ideas sobre la violencia.

 

Los medios escritos, la televisión y las redes sociales, llenan a diario sus páginas con informes descarnados de casos donde la violencia humana ocupa el lugar protagónico. Padres y profesores que abusan de sus niñas; esposos o parejas iracundas, o simplemente seres desquiciados, que descargan su furia animal sobre mujeres vulnerables hasta dejarlas mutiladas o muertas. La justicia formal no se da abasto para juzgar tantos agresores, y las cárceles públicas se llenan de violadores y misóginos extremos.

 

Paralelamente el mundo se sacude por guerras fratricidas entre naciones o grupos étnicos dentro de un mismo país que destruyen miles de vidas en nombre de la defensa del territorio, los credos religiosos o las ideas políticas. Los actos de terror contaminan las ciudades con el odio y el miedo convirtiendo los espacios urbanos del mundo en sitios donde la inseguridad y la muerte amenazan en cualquier momento a familias y personas inocentes. Los países poderosos de la tierra buscan proteger sus intereses y su hegemonía política en base al crecimiento y modernización de su arsenal bélico. El desarrollo y el poder se expresan en la capacidad de construir y controlar armas cada vez más letales, con capacidad de destruir al supuesto enemigo a mayor distancia. La bomba que aniquiló Hiroshima y Nagasaki al culminar la segunda guerra mundial quedó ya atrás. Hoy las potencias atómicas se amenazan entre sí con artefactos explosivos que pueden atravesar continentes y asesinar en segundos a la población de países enteros.

 

Y esta situación que nos enfrenta al miedo constante no es un fenómeno que caracteriza solo a los tiempos de hoy. La guerra entre los hombres es tan antigua y descarnada que hasta en los textos religiosos más antiguos e importantes la hallamos marcando la pauta de relación entre pueblos y naciones que, liderados por sus dioses, se enfrentaban entre sí con hambre de conquista y apropiación, pero también como una manera cruel de imponer ideologías y sistemas. Lamentablemente la historia de la humanidad no es solo una historia de la acción creativa del Hombre manifiesta en el surgimiento de las instituciones, el arte y el vertiginoso avance del conocimiento y la tecnología que ha transformado todos los espacios de la tierra; es también un recuento de las guerras, del etnocidio, de la conquista y la dominación entre grupos rivales que pugnan por el poder y la codicia. Como que la violencia siempre está con el Hombre desde sus inicios, como cuando tenía que competir por alimento y territorio para su sobrevivencia.

 

Los pensadores europeos del siglo XVIII, animados por las ideas de la Ilustración que inspiraban un nuevo pensamiento sobre el progreso de la sociedad humana, proponían que el ser humano se distanciaba de los animales en la medida que empleaba la moral y los valores para regular su conducta individual y colectiva, en vez de los instintos. Así una sociedad era más civilizada en la medida que propiciaba la colaboración, la solidaridad, la protección, la acción meditada, el diálogo y la elección de la opción más positiva para el bien común. Han pasado ya varios años de esta visión optimista y los acontecimientos actuales que sacuden al mundo parecen decepcionarnos como humanidad, porque en apariencia nos arrastra más bien el individualismo y la competencia, el desconocimiento del prójimo y el irrespeto por nosotros mismos y la naturaleza. La aplicación de la ciencia y la tecnología nos ha llevado hasta la luna; los logros en el campo de la ingeniería y la medicina nos maravillan a diario; pero no han podido vencer la violencia del hambre que sigue empobreciendo la vida de millones de nuestros congéneres. Los medios modernos llevan los mensajes del mercado a los lugares más escondidos y distantes de la tierra, pero no pueden impulsar una comunicación que nos acerque como personas y aumente la confianza y la solidaridad entre nosotros. Algo está pasando que nos hace retroceder como seres humanos y desacredita el pensamiento de nuestros ancestros que confiaban en un futuro mejor para la vida de la humanidad. La violencia está trabajando en contra de nuestros sueños más valiosos porque destruye la confianza y niega nuestra calidad de personas humanas.

 

¿Cómo se puede explicar que un hombre de nuestro tiempo descargue su insania contra los seres más cercanos a él: su pareja, sus hijos? Generalmente seres vulnerables y desprotegidos que se afectan por los golpes, la violación o la muerte, en vez de ser sujetos de amor, de libertad, de protección. ¿Cómo entendemos a un maestro abusando sexualmente de los niños que debe formar? Poner en tapete estos casos tan frecuentes se hace necesario en tanto parece que la violencia familiar es el lado por donde se inclina lo más negativo de la perversión y el odio humanos, y dónde la violencia se hace más patética y abominable. La familia está amenazada por la desconfianza; las relaciones de pareja, varón – mujer, se enfrentan a pensamientos atávicos que niegan la libertad y la igualdad de derechos, en un ambiente sano en que se reconozca por igual las capacidades de hombres y mujeres para decidir, para construir y asumir responsabilidades. No sabemos si los agresores de madres y niños son más o menos machistas, pero es seguro que sus actos terribles traducen un sentimiento de profundo odio, de dominación frente al más desprotegido. Esto debe cambiar de alguna forma; la cárcel, la castración, la pena de muerte pueden ser soluciones parciales y de corto plazo. Es necesario abrir nuevos frentes para vencer la muerte y el odio que nos están desmereciendo como personas humanas. Es necesario avanzar en la construcción de relaciones de igualdad, sin discriminación por género, con iguales deberes y oportunidades en el hogar y la vida social.