Panorama Cajamarquino

El corazón del hombre

Por Manuel Arboccó- Psicoterapeuta–Profesor Universitario

Uno de los escritores académicos más prolíficos en el terreno de lo psicológico y social, sin lugar a dudas, fue el Dr. Erich Fromm (1900-1980). Obras como El arte de amar, Psicoanálisis de la sociedad contemporánea” y El miedo a la libertad son trabajos clásicos muy leídos y citados. Otro de sus más conocidos libros es El corazón del hombre, título que le da nombre a este artículo. En ese texto, Fromm estudia conceptos como la violencia, el narcisismo y la libertad humana. Se puede estar de acuerdo con algunas de las ideas de Freud, pero es difícil mantener algunas de ellas, luego de tantas décadas con cambios, no solo en la ciencia y sus posibilidades, sino en el mismo hombre y las sociedades.

En El corazón del hombre, Fromm menciona el “síndrome de decadencia”, situación peligrosa formada por una triada: amor a la muerte, el narcisismo maligno y la fijación simbiótico-incestuosa. Esta condición mueve al hombre a destruir por el gusto de destruir (posteriormente nos presentará otros tipos de violencia: lúdica, reactiva, por frustración, vengativa), hablamos entonces de una orientación necrófila, según Fromm. Lo opuesto a esto es el “síndrome de crecimiento”, una orientación biófila, es decir, que consiste en el amor a la vida (opuesto al amor a la muerte); el amor al hombre (opuesto al narcisismo maligno) y la independencia (opuesto a la fijación simbiótico-incestuosa).

¿Cómo llegamos a odiar a la vida? Se pregunta Fromm y bosqueja la siguiente respuesta. “El niño empieza la vida con fe en la bondad, en el amor, en la justicia. El nene tiene fe en el seno materno, en la solicitud de la madre para abrigarlo cuando tiene frío, para aliviarlo cuando está enfermo. Esta fe puede ser en el padre, en la madre, en un abuelo o en alguna otra persona cercana al niño; puede expresarse como fe en Dios. En muchos individuos esta fe se quebranta en edad temprana”. Seguidamente afirma: “…Es cierto, desde luego, que todo niño sufre muchas desilusiones; pero lo importante es la agudeza y gravedad de un desengaño particular. Muchas veces esta primera y decisiva experiencia del quebranto de la fe tiene lugar en edad temprana… frecuentemente, el definitivo quebrantamiento de la fe tiene lugar en una edad mucho más avanzada, al ser traicionado por un amigo, por una amante, por un maestro, por un líder religioso o político en quien se confiaba. Rara vez es un solo hecho, sino numerosas experiencias, lo que quebranta acumulativamente la fe de un individuo”.

El individuo engañado y desilusionado puede empezar a odiar la vida y cuando esta actitud se instala, el abanico de problemáticas se abre, a saber, desde cuadros depresivos, violencia, adicciones y una vida chata, vacía, sin rumbo.