Panorama Cajamarquino

Placeres placenteros

Por Roli Marín – Psicólogo

Hemos llegado este mundo posible como unos diamantes sin brillo ni forma, sin embargo, las experiencias de la vida van moldeando y puliendo nuestras asperezas para concedernos una belleza hermosa. Para mí lo bello es lo agradable a los ojos, mientras que lo hermoso es lo agradable al cerebro.

Es muy conocida la teoría que sostiene que nosotros somos el fruto de lo que traemos y de lo que vamos adquiriendo en la vida, es decir, que el medio ambiente, la cultura, las experiencias, que de hecho son subjetivas, son influencias relevantes en el desarrollo de un individuo. Es un viaje que lleva como bitácora principal el aprendizaje. Entonces, este llega a ser como la piel que cubre todos los órganos humanos para que estos adquieran forma, porque de lo contrario, ellos se encontrarían en una situación caótica y por lo tanto desintegrada.

Así, podemos decir que el aprendizaje es una manera de embellecimiento, adaptación y cambio dentro de un mundo que crece vertiginosamente. Por eso, pienso que los seres humanos aprendemos incluso a aprender. Traemos con nosotros muchas cosas, pero estoy convencido que aprendemos mucho más de lo que traemos, entonces, nos encontramos en un suelo fértil donde podemos transformar los conceptos, afrontar beligerantemente los protocolos, las convenciones sociales, que muchas veces, nos insertan dentro de un mundo frívolo, sombrío y amenazante.

Las expresiones faciales, nuestros comportamientos, nuestras maneras de caminar, de mover las manos, nuestras maneras de mirar son aprendizajes que han sido cultivados como árboles fructíferos y  hoy nos cobijamos bajo su sombra. Sin lugar a dudas, dentro de este aprendizaje humano se encuentra la creatividad o creación de cada individuo, a través, de la imaginación y las representaciones mentales. El deseo es un aprendizaje, la manera cómo me miro a mí mismo es un aprendizaje también. En realidad, todo lo aprendido es aprendizaje y todo aquello que conduce a la transformación. Por eso, los  seres humanos frente a situaciones adversas a nuestras aspiraciones o deseos, tratamos de crear circunstancias que nos permitan sentirnos satisfechos.

Pienso que uno de nuestros principales aprendizajes es la satisfacción, el placer.  Es aquí donde los placeres biológicos y aprendidos se imbrican o se bifurcan. Probablemente existan otros, pero en este caso, estos me ayudarán a  explicar y explicarme.  Ir al cine, leer un libro, comer un helado, jugar fútbol, escribir un poema, escribir un artículo, pensar en los sueños, recordar momentos agradables, encontrarse cada día con la subjetividad, imaginar situaciones placenteras son momentos de placer y satisfacción. Todos estos placeres no son inherentes a mi naturaleza, sino que los he ido adquiriendo en mi vida como cantos matinales o como las sonrisas de los infantes. En ellos, se puede encontrar un simbolismo tan real como la irrealidad  que me conduce a un estado de paroxismo. Alguien puede atreverse a decir que estos momentos son una sublimación, pero no lo son, son simplemente placeres y satisfacciones aprendidas. Tampoco se trata de llenar vacíos, sino de colmar y explotar la creatividad imaginativa. Las actividades cotidianas que realizo están orientadas al placer y la satisfacción.  Así el placer se convierte no en la cima de una actividad sino en el callejón por el que se desliza la corriente de una vida para llegar a ser una actualidad. Definitivamente, existen “orgasmos” aprendidos.