Panorama Cajamarquino

Te amo, por eso te mato

La siguió por días porque estaba enamorado y ella lo ignoraba. Siguió cada una de sus huellas con una fijación casi enfermiza. La miraba con deseo por cada calle que ella cruzaba y por cada acera. Por cada autobús y por cada avenida. La asediaba con vehemencia y ella lo ignoraba por completo.

Decía que era un chef o un aprendiz, por eso su fijación con el fuego. Decía que era un ejemplo de vida, sus vecinos avalaron esa versión cuando un día la policía lo siguió hasta su habitáculo en una azotea y lo encontró con una mano quemada. Decía que la amaba con locura, con esa locura que lo convirtió en un monstruo.

Ella era la chica linda de ese lugar de comida rápida. Sus ojos claros le añadían más belleza a sus jóvenes años y su tono provinciano le otorgaba más prestancia que a las otras chicas. Por eso Javier Hualpa se enamoró y la deseaba con enmascarada diablura que la convirtieron en su sombra cada vez que ella salía a la calle.

Eyvi no sabía que ese hombre que la acosaba podría hacerle tanto daño y a veces caminaba apresurada para huir de él como un ave escapa de un depredador. Huía entre escaparates y esquinas, entre ambulantes y el ruido de los autos con sus cláxones atroces llenándolo todo de ruido hasta lograr perderse entre la gente.

Y Javier decidió matarla. Cansado del rechazo se dijo un día que no sería de nadie. Que ese lindo rostro no sonreiría a nadie más que no fuera él y llenó un frasco de yogur con gasolina. La persiguió hasta el autobús y allí la roció con combustible y le prendió fuego. ¡De nadie más! ¡Nunca serás de nadie!, gritó en su amargura.

Eyvi acaba de morir. Ayer los noticieros le dedicaron el último minuto de sus programas, no porque la noticia sea importante, sino, porque era de tan poca importancia que le dedicaron los últimos segundos de sus noticieros para decir que había muerto y que lo sentían, que era triste y que daban las condolencias a la familia…

A Eyvi la mató también la indiferencia. La nuestra, la tuya y la mía idiotizados con Paolo y doña Peta. Imbecilizados con una pelota. ¿Dónde están los indignados del Ministerio de la Mujer? ¿Dónde las congresistas y las redes femeninas? ¿Dónde el presidente y su lucha contra la violencia a la mujer?

Tanto la amábamos que acabamos matándola todos. Javier la quemó y nosotros la apuñalamos con indiferencia. Fueron más importantes una pelota y las rabietas de doña Peta. Un mate de coca… otra vez una pelota que la vida de Eyvi. Hoy descansa horizontal en una tumba, pero nunca lo hará así en nuestro recuerdo… Nosotros también la matamos con nuestra indiferencia.