Panorama Cajamarquino

Gestionan declarar Patrimonio Cultural de la Nación a la danza La Guayabina

Celendín.

 

Por: Eler Alcántara Rojas

Un grupo de pobladores de la comunidad de Santa Rosa se reunieron con funcionarios del Ministerio de Cultura y de la Dirección Desconcentrada de Cultura de Cajamarca, para pedir que la danza La Guayabina sea declarada Patrimonio Cultural de la Nación.

En la cita también participó el alcalde provincial de Celendín, Jorge Urquía Sánchez, quien se comprometió a apoyar a Santa Rosa para elaborar un sólido expediente con la solicitud que será enviado al ente correspondiente del Gobierno Central.

 

Se debe señalar que la danza La Guayabina posee un valor simbólico, estético y musical en la historia y cultura del pueblo celendino; además, constituye un referente de identidad para quienes por décadas han mantenido viva este baile costumbrista, por ello se espera que esta petición prospere.

 

El legado histórico de La Guayabina se remonta a los albores de Celendín. Según Daniel Quirós Amayo, se inicia con el pueblo de los chillchos que no son otros que los maichillchos o danzantes que utilizaban maichiles en la pantorrilla para bailar el paso de la culebra.

 

Fueron ellos quienes introdujeron La Guayabina o danza de Los Maichillchos, que produce el paso de la culebra que proviene del Marañón y tiene prosapia chavínica. Los chillchos habrían resultado ser los indios guayabinos que por generaciones han danzado en la hacienda de Pedro Mejía Zegarra, otrora hacienda El Limón.

 

Manuel Silva Rabanal asegura que el surgimiento de esta costumbrista danza nace en la hacienda Las Guayabas, hoy El Limón, donde los primeros pobladores colonizados le siguieron rindiendo culto a sus tótems. Una de estas deidades fue la serpiente, a la que adoraban protagonizando la danza de La Culebra, acompañada de atuendos singulares que incluían maichiles en las pantorrillas.

 

Los hacendados que necesitaban de la mano de obra, para atraer a los indígenas los hicieron partícipes de la veneración y festejos de Santa Rosa de Lima y de San Juan Bautista, encontrando respuesta en los convocados que se organizaron para seguir danzando y también desarrollaban mayordomías.

 

Trascendió que la hacienda cayó en manos del terrateniente Pedro Mejía Zegarra y este advirtió a sus lacayos que perdían muchos días en labores agrícolas por las fiestas religiosas, limitándola a un solo día, ocasionando una protesta generalizada y desacuerdo descomunal. Los obreros se revelarían y sustraerían estas imágenes hasta la zona de La Tranca, hoy Santa Rosa, de donde eran oriundos, y siguieron practicando sus peculiares pasos.